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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.

L'estaca

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El miércoles José Miguel López, del programa Discópolis (en Radio 3), volvió a recordar una curiosa historia que ya ha contado en otras ocasiones (después de casi 20 años escuchando Radio 3, ya me empiezan a sonar repetidas algunas anécdotas, ¿me estaré haciendo viejo?). Se trata de cómo la canción de Lluís Llach L’estaca (1968) fue apropiada por el sindicato polaco Solidaridad como himno de resistencia ante el gobierno comunista (de Estado) de la misma forma que se había erigido antes en canto antifranquista en España, y de ahí pasó a ser reproducida (y modificada en su letra) en otros lugares del mundo. Incluso, en esas reproducciones pocas veces se reconoce la autoría original. Se borraron las huellas y las fronteras. La obra ultrapasó al autor. A mí me sigue haciendo vibrar igual que aquellas canciones no menos míticas de Pete Seeger o de Víctor Jara. Como si de verdad hubiera asistido alguna vez a los conciertos donde comulgaba tanta gente en sus aspiraciones de libertad. La única grabación que tengo de la canción de L’estaca está en un reciente disco de Homenaje a los Brigadistas Internacionales que combatieron junto a la República en la llamada “Guerra Civil” española (realmente, un golpe de Estado militar contra el régimen republicano). No me gusta mucho, en general, el resto de la obra de Lluís Llach, pero siempre he admirado su coraje al apoyar sinceramente, y cuando todos los intelectuales miraban para otro lado, causas como la de la insumisión al servicio militar obligatorio o la okupación del cine Princesa en Barcelona. Tal vez por todo eso junto, estos versos los escucho como una operación a corazón abierto.

 

L'avi Siset em parlava
de bon matí al portal,
mentre el sol esperàvem
i els carros vèiem passar.

 

Siset, que no veus l'estaca
a on estem tots lligats?

Si no podem desfer-nos-en
mai no podrem caminar!

 

Si estirem tots ella caurà
i molt de temps no pot durar,
segur que tomba, tomba, tomba,
ben corcada deu ser ja.

 

Si jo l'estiro fort per aquí
i tu l'estires fort per allà,

segur que tomba, tomba, tomba
i ens podrem alliberar.

 

Però Siset, fa molt temps ja
les mans se'm van escorxant
i quan la força se me'n va
ella es més forta i més gran.

 

Ben cert sé que està podrida
i és que, Siset, pesa tant
que a cops la força m'oblida,
torna'm a dir el teu cant

 

Si estirem tots ella caurà
i molt de temps no pot durar,

segur que tomba, tomba, tomba,
ben corcada deu ser ja.

 

Si jo l'estiro fort per aquí
i tu l'estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba
i ens podrem alliberar.

 

L'avi Siset ja no diu res,
mal vent que se'l va emportar,
ell qui sap cap a quin indret
i jo a sota el portal.

 

I, mentre passen els nous vailets,
estiro el coll per cantar
el darrer cant d'en Siset,
el darrer que em va ensenyar.

 

Si estirem tots ella caurà
i molt de temps no pot durar,
segur que tomba, tomba, tomba,
ben corcada deu ser ja.

 

Si jo l'estiro fort per aquí
i tu l'estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba
i ens podrem alliberar.

 

Lluís Llach, L’estaca

 

 

 

01/06/2007 17:22. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

un cuento erótico

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El sol ya había caído. Con los últimos estertores de luz, las playas iban quedando desiertas. Unas playas mediterráneas que aun irradiaban en sus arenas el calor intenso de una típica jornada estival. Magda y Estrella caminaban descalzas. Atravesaron varias calas aprovechando el súbito y merecido frescor del atardecer. No hablaban mucho. En las viejas amistades los lugares comunes van dejando paso a las complicidades y los silencios apacibles. Esos que no incomodan aunque se dilaten durante muchos minutos. La cadencia de su paso era regular, pero sin urgencia. Cada regalo a la vista de aquel horizonte merecía su atención. Vivir a menudo es sólo eso, deleitarse con la belleza circundante. Ir a su encuentro. Componerla dentro de cada una. Ser comprendida.

 

Llegaron a uno de los arenales más largos y menos alterados por la codicia humana. Esa plaga sobre el mundo. A medida que avanzaban divisaron con más claridad al último bañista que aún no se había recogido. Parecía meditar en una de esas posturas orientales. Estaba completamente desnudo sobre su toalla. Cuanto más se acercaban las dos paseantes, más frecuentes eran las miradas del hombre hacia ellas. Enseguida se dieron cuenta de que tenía su pene erecto y lo agitaba suavemente con una mano. Magda y Estrella no dudaron en seguir caminando. Aquella escena no pareció importunarlas, según dedujeron de su rápido intercambio de miradas. Era su derecho. No tenían por qué sentirse agredidas. Tampoco especialmente halagadas. Hubiera dado igual que llevaran una túnica o ropa de montaña en lugar de sus ligeras vestimentas veraniegas. Aquel hombre supliría los obstáculos con su calenturienta imaginación. Eran dos figuras femeninas. Se movían con agilidad. Sus piernas descubiertas. Sus senos seguros. Intuidos. Mientras, el hombre proseguía diligente con su manipulación.

 

Al pasar a su lado, las siguió atento con la mirada. No dejó de masturbarse. Esperando, como si no quisiera llegar rápidamente al fin de su gozo. Magda y Estrella habían frecuentado playas nudistas y eso, en cierta medida, las predisponía a aceptar aquella situación sin preocuparse demasiado. Adoptaron, en todo caso, una espontánea actitud de defensa ante el comportamiento incierto del exhibicionista. Implícitamente convinieron en no devolverle la mirada. Magda tomó del brazo a Estrella y sonrió. Percibió la piel tibia de Estrella, más cálida que la suya. Por un instante, Estrella no pudo evitar la tentación y giró con naturalidad su cabeza hasta cruzarse con la mirada del hombre. En cuestión de segundos. Sin soltarse del brazo protector de Magda. Volviendo a reencontrarse con el gesto jovial de ésta. Con sus pechos grandes y sugerentes. El rostro de Estrella se sonrojó como si acabase de engullir pimientos picantes. La temperatura de su piel siguió ascendiendo. Siguieron caminando. El hombre permaneció sentado en el mismo sitio, devoto de su erección.

 

El vestido de Magda era flojo y ventilado, como de viscosa. La brisa lo adhería caprichosamente a sus curvas voluptuosas. Estrella, sin embargo, llevaba una camiseta de tirantes ajustada a sus pechos menudos y una falda blanca muy corta. Era de un talle más fino. Y de una voluptuosidad quizás más interior y tormentosa. En lugar de corresponderle la sonrisa a Magda, su mirada se desvanecía en un pozo de excitación. A cada paso sentía sus nalgas y sus caderas como si aquel hombre las estuviese dirigiendo con las palmas de sus manos. Y si Magda lo hubiese querido comprobar con sus propias manos, las podría haber sumergido en la copiosa humedad de las bragas de Estrella. No hizo falta. Mientras aminoraban el paso, Estrella la miró fijamente. Voy a ir. Sólo me preocupa una cosa: no tengo condones, y no creo que él tampoco tenga. Magda, sorprendida, se contuvo unos segundos antes de responder. Vete. Por los condones, no te preocupes. Esto no es verdad, sólo somos dos personajes de un cuento erótico. Vas a tener la suerte de hacer realidad una fantasía sexual. Aquí no hay enfermedades venéreas. Esto es literatura, no una película porno. Yo me quedaré por aquí cerca, por si acaso. Y la besó en aquella mejilla ruborizada a la vez que liberaba su brazo.

 

Las palabras de Magda la dejaron un poco confusa y aliviada a la vez. Estaría bromeando. Pero no osó replicarla. Dio media vuelta y se dirigió con resolución hacia donde estaba el hombre aún friccionando su miembro. No siempre ocurrían estas cosas en la vida. Por qué eludirlas. Así que se plantó delante del hombre sin poder ocultar el candor de su piel y los ojos brillantes como un manantial. Él no dudó un instante en indicarle que se diera la vuelta. Ni siquiera necesitó erguirse para quitarle las bragas empapadas. Estrella sintió como descendían por sus piernas. Cerró los ojos. Sabía lo que vendría inmediatamente después. Las manos del hombre comenzaron a hurgar por debajo y por fuera de la falda. Se recreaban en cada pliegue. Sus dedos se insinuaban ocasionalmente por los labios vaginales. En cualquier momento la penetraría. Estaba oscureciendo y la brisa era más intensa. El salitre y las algas putrefactas mezclaban sus sabores con las dos respiraciones jadeantes. Antes de clausurar sus párpados, de llevarse su propia mano a la boca y de agitar su melena lacia, vio sentada a Magda a una distancia de unos cien metros. Por qué no se iría. A fin de cuentas, sólo se trataba de una fantasía. Y cuanto más riesgo, mejor. Para su regocijo, el hombre besó dos veces sus pantorrillas. Luego, sus dedos gruesos recorrieron con impaciencia las piernas suaves y aún extendidas de Estrella. Por fin, ya sin ningún género de dudas, el hombre acabó por atraer las caderas de Estrella hacia el pene que seguía firme e hinchado.

 

Se acoplaron sin dificultad. Él marcaba la pauta de las operaciones. Evitaba los gestos violentos, pero su cuerpo era fuerte y estaba decidido a apretar sin prejuicios a aquella mujer desconocida. Volvió a besarla. Ahora en el cuello, antes de deshacerse de su camiseta y de encerrar sus pechos entre las manos. Estrella se mordió los dedos. Gimió ostensiblemente, sin temor a quebrar el silencio de aquella playa, aquel crepúsculo de grillos. Ya era bastante atrevido fornicar allí a la vista de su mejor amiga. Sin preservativo. Con un hombre del que sólo tenía vagos indicios de su vida. Los que rodeaban a su desnudez, una toalla grande y rizada, una mochila discreta. Un hombre instrumento de sus deseos prohibidos. O ella como instrumento de los deseos de él, daba igual. Los gemidos dejaron paso a gritos más efusivos. Sus propios dedos se movían cada vez con más frenesí por su clítoris. La minifalda estorbaba un poco, pero ya era tarde para intentar desprenderse de ella. La verga estaba totalmente sumergida en su marea de secreciones. La percibía llegando muy adentro, rozando millones de terminaciones nerviosas. Era imparable. Llegaba, llegaba. Sus pezones hervían de placer. El sudor manaba febril de sus torsos. Magda llegó a escuchar los gritos más prolongados de los dos fornicadores. Consecutivos, no muy alejados uno del otro. Sus onomatopeyas finales.

 

No hubo muchas más caricias antes de separarse. Estrella recogió su camiseta de asas y sus braguitas rebozadas en arena. Y se alejó con el mismo mutismo con que se había aproximado. Idéntica discreción había profesado aquel compañero intempestivo. Como si hubiera prevalecido una simetría artística en todo momento. Era una locura, lo sabía. Estaba segura, no obstante, de que Magda no la iba a censurar por eso. Tampoco le pediría explicaciones ni detalles, ni se lo recordaría con burla en el futuro. Como si no hubiese ocurrido. Como si todo hubiese sido sólo una fantasía literaria que se habían querido contar con algo más que con palabras aquella tarde de verano. Todo eso se lo dijeron en una mirada fugaz de reconciliación. Después de muchos años de compañía y transacciones sentimentales. Volvieron a tomarse del brazo y prosiguieron su ruta. Estaba oscureciendo. La amistad debe ser eso, compartir los límites de la realidad y los manjares que proporciona la naturaleza.

 

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más leves

que la gravedad

nuestros brazos

al pálpito

abrazados

 

más eterno

que el tiempo viejo

nuestro gozo

nuevo

y a corto plazo

 

al candor

de las rosas empuñadas

al rocío

entre los pechos erguidos

se pliega la noche

cansada

en su feudo de alba

 

mañana

murmullos de caracolas

repicarán

sin cesar los gemidos

más y más

quiero más

que se ahogue el futuro

que salga a flote la sed

de los labios

cansados

de beber

 

06/06/2007 12:06. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Some things in life are bad
They can really make you mad
Other things just make you swear and curse.
When you're chewing on life's gristle
Don't grumble, give a whistle
And this'll help things turn out for the best...

 

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

 

If life seems jolly rotten
There's something you've forgotten
And that's to laugh and smile and dance and sing.
When you're feeling in the dumps
Don't be silly chumps
Just purse your lips and whistle - that's the thing.

 

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

 

For life is quite absurd
And death's the final word
You must always face the curtain with a bow.
Forget about your sin - give the audience a grin
Enjoy it - it's your last chance anyhow.

 

So always look on the bright side of death
Just before you draw your terminal breath

 

Life's a piece of shit
When you look at it
Life's a laugh and death's a joke, it's true.
You'll see it's all a show
Keep 'em laughing as you go
Just remember that the last laugh is on you.

And always look on the bright side of life...
Always look on the right side of life...
(Come on guys, cheer up!)
Always look on the bright side of life...
Always look on the bright side of life...
(Worse things happen at sea, you know.)
Always look on the bright side of life...
(I mean - what have you got to lose?)
(You know, you come from nothing -

you're going back to nothing.
What have you lost? Nothing!
)

Always look on the right side of life...

 

Eric Idle, from Monty Python’s film Life of Brian

 

 

 

meditaciones prenatales

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Ya llevo meses aquí encerrado. Al menos, eso es lo que dicen ahí fuera. No es una cárcel, al parecer, sino que “aquí estoy como Dios”. Aunque yo, dentro y ellos, fuera; de eso no me cabe duda. Aún no tengo claro el significado de muchas de esas palabras. Tampoco soy capaz de emitirlas por mí mismo. Aunque a ellos no creo que les importe. Esperan que eso ocurra dentro de unos años, dicen. Me hacen gracia. Me tratarán casi como si fuera sordomudo. Bueno, así me dejarán más a mi bola. Con mis gorgoritos y pedorretas. Es un placer. ¿Será lo mismo a lo que ellos llaman vacaciones?

 

Desde que abrí los ojos sigo muy atento todas las conversaciones y movimientos de los de ahí afuera. La piel de mamá es muy transparente. Un poco cóncava o convexa, no sé, según se mire. Sospecho, en todo caso, que veo las cosas con más curvas que ellos. A menudo hablan de pantallas planas, encefalogramas planos y cosas parecidas. Pero ya digo que aún no he atado todos los cabos. Ya habrá tiempo, que de eso me sobra. Ellos, por el contrario, no paran de quejarse de que les falta tiempo para todo, que quieren tiempo para ellos solos y que no saben qué hacer con el tiempo libre. Una curiosa entidad filosófica esa del tiempo, no cabe duda. Habrá que seguir investigando en el futuro.

 

A veces he probado a mirarlos fijamente. Pero nada. Hacen como si no se dieran cuenta y esquivan mi inocente interpelación. Yo también me hago el dormido cuando me conviene. En realidad, es una travesura. Eso exclama la ginecóloga con su gran sonrisa latina. En cuanto la veo acercar la cámara esa al vientre, cierro los ojos y me chupo el dedo. Piensan que duermo. La foto queda perfecta y se reparten las copias: una para la colección de la doctora y otra para el álbum familiar. Me gusta posar para las ecografías. Aunque la verdad es que me paso mucho tiempo durmiendo, estar aquí solo es un poco soporífero. Estoy empezando a practicar unos pasos de baile y a tocarme otras partes del cuerpo para comprobar si estoy completo. Lo que pasa es que no hago pie fácilmente y debo parecer, más bien, una especie de astronauta saludando al resto de terrícolas subyugados por la ley de la gravedad.

 

En los últimos o primeros meses -que, al caso, son lo mismo- también ha habido algunos sobresaltos. Lo sé por las pulsaciones aceleradas de mamá y por la escenita que presencié. Nos presentamos en la oficina del jefe. Los tres, frente a frente: el jefe, mamá y yo. Aunque todos pretenden ignorarme, en este caso estoy seguro de que mi presencia era muy importante porque no dejaban de hablar de mí. Mamá no dio su brazo a torcer. “Me voy a pedir la baja anticipada, te guste o no. Y si no me renuevas el contrato, te pondré una denuncia que te cagas. Por discriminación sexual.” ¡Caramba, vaya genio! ¡Y luego dicen que los niños somos escatológicos! En los días siguientes el tema fue objeto de animado debate entre distintas personas con distintos vínculos con mamá; incógnitas todas que ya despejaré más adelante. De momento retengo los rostros y las entonaciones. Siempre que mamá no se pone un vestido demasiado grueso que no me deja ver u oír con claridad o nitidez (“hablemos con propiedad”, por favor). Entonces protesto dando algunas pataditas. Pero nada. Ella sonríe a la vez que se siente compungida: gajes del oficio. ¿Será que ya empezamos a no entendernos?

 

Por lo demás, la vida de un prenatal transcurre en cierta soledad. Te deja mucho tiempo para reflexionar. O para atesorar las reflexiones de otros. Por algo habrá que empezar ¿no? Muy distinto debe ser el caso de los mellizos. ¡Qué hacinamiento! Deben pasar la mayor parte del encierro peleando por un hueco en la placenta. En este sentido no sé si sentirme un privilegiado o alguien con una reducida vida social. Me temo que esta cuestión también entraña profundos dilemas con lo que entretenerse en los años venideros. Ahora voy a hacerme el dormido que ya veo venir a la matrona. Hoy toca salir afuera. Ya lo tienen todo preparado. Yo, a agarrarme bien, que las contracciones vienen agitando las aguas.

 

La verdad es que ya tengo ganas de que me cambien la dieta, para variar un poco. Y de entrar en la fiesta de ahí fuera, a ver si voy resolviendo enigmas. Aquí no se está mal, pero no soporto ese dicho tan carca de “todo tiempo pasado fue mejor”. También tiene sus incomodidades. Sobre todo para mamá, que se lo pregunten a ella. Yo me pregunto si algún día hablaré de todo esto con ella o con mis hijos. Si tendré tiempo. Me apetece contemplar sus ojos. Directamente, por mí mismo, sin filtros. Hasta ahora tenía que estirar mucho el cuello o conformarme con su reflejo en los espejos. Le preguntaré cuánto nos queda de vacaciones juntos. No sé si me entenderá. Tendré que ir perfeccionando mis gorgoritos.

 

12/06/2007 11:07. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

camisetas

20070614103948-marte-falla-2.jpg

 

sólo son

RUMORES

 

 

OBJETO

porque soy

SUJETO

 

no estoy

SUJETO

cuando

OBJETO

 

 

 

la vida es un

JUEGO

de

PING-PONG

 

 

Harto

de

MITOS

 

14/06/2007 10:33. ateopoeta #. Hay 1 comentario.

más camisetas

20070615121809-labios-3.jpg

 

TODOS

somos

EXTRAÑOS

 

 

Lazos

sin

Sangre

 

soy

SUJETO y

OBJETO

 

 

entrada y salida

LIBRES

 

 

La ciénaga

 

 

primum vivere,

deinde filosofare

 

 

mis LABIOS,

mi FRONTERA

 

 

DI

VERSOS

 

15/06/2007 11:46. ateopoeta #. No hay comentarios. Comentar.

camisetas (serie III)

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ONOMATOPEYA

 

 

YA ESTÁ

BIEN

 

 

PATATÍN

PATATÁN

 

 

STOP

WARS

 

 

SHOULD

I STAY

 

 

LAPSUS

 

20/06/2007 11:57. ateopoeta #. No hay comentarios. Comentar.

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La soledad (Jaime Rosales, 2007) es una película cruda, hiperrealista, que deja hablar a una realidad anodina y zafia que envuelve a todos sus personajes, que nos envuelve a todos los que la vemos, que nos acecha porque ya ha sido parte de nuestras vidas. Necesito más dosis de belleza y trascendencia al llegar a casa, por eso escucho un disco melancólico y dulce de Marc Ribot y los cubanos postizos. La soledad me recordó películas como El pisito (Marco Ferreri, 1958), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Pedro Almodóvar, 1984) y En construcción (José Luis Guerin, 2001): películas sociales, sobre los dramas de la rutina, donde una fuerza invisible parece aplastar cualquier atisbo de vitalidad, de genialidad, de transgresión. Necesito más dosis de ironía y distanciamento al llegar a casa, por eso gasto las últimas fuerzas del día leyendo un libro en catalán de Sergi Pàmies, Si menges una llimona sense fer ganyotes. En La soledad emergen la enfermedad y la muerte como unas hebras más del paso del tiempo, de los diálogos insulsos, de las discusiones sobre minucias, de los hospitales, de los asesinatos colectivos, de las hipotecas, de los viajes sin deseo. Yo no quiero morirme de desidia, de aburrimiento, de vacíos, por eso me quedé deleitando aquella palabra, la “galbana”, que dijo uno de los personajes y que me recordó aquellas tardes de verano en el pueblo de León. Pero sólo me quedo con la música de la palabra, la música que faltaba en La soledad con sus bofetadas de voyeurismo, de planos atravesados por una pared o por los marcos de puertas y ventanas frenando nuestra identificación con esas vidas enclaustradas. Gracias a las sugerencias y comentarios de Irene G. Rubio en el periódico Diagonal (nº57), www.diagonalperiodico.net, volví a sumergirme en esos cines de Vigo, los de vía Norte, que siempre están a punto de extinguirse por culpa de proyectar películas arriesgadas, difíciles, que exigen toda la pasión ética del espectador para interpretarlas. Es como si siempre hubiera alguien cerca que te diera la mano para invitarte a conocerte a ti mismo (sólo tienes que dejarte); si pudieras, esa poderosa ilusión.

 

27/06/2007 17:40. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

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