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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.

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Echo tanto de menos el aburrimiento. La mente

en blanco marfil, la consolación de la naturaleza.

Mucho más que el descanso, que vacaciones

programadas con sus fechas, horas de comidas, rutinas.

Un regazo, un remanso de paz bajo la piel

de cocodrilo, los lentos crepúsculos estivales.

Y aquellas ilusiones ópticas que salpicaban la noche

en que nos dimos las manos y la juventud a sorbos.

 

06/03/2007 13:36. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

línea de fuga

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“(...) Con la libertad uno se engaña demasiado entre los hombres, ya que si el sentimiento de libertad es uno de los más sublimes, así de sublimes son también los correspondientes engaños. En los teatros de variedades, antes de salir a escena, he visto a menudo ciertas parejas de artistas trabajando en los trapecios, muy alto, cerca del techo. Se lanzaban, se balanceaban, saltaban, volaban el uno a los brazos del otro, se llevaban el uno al otro suspendidos del pelo con los dientes. ‘También esto’, pensé, ‘es la libertad para el hombre: ¡el movimiento excelso!’ ¡Oh, burla de la santa naturaleza! Ningún edificio quedaría en pie bajo las carcajadas que tamaño espectáculo provocaría entre la simiedad.

 

No, yo no quería libertad. Quería únicamente una salida: a derecha, a izquierda, adonde fuera. No aspiraba a más. Aunque la salida fuese tan sólo un engaño: como mi pretensión era pequeña el engaño no sería mayor. (…) Repito: no me cautivaba imitar a los humanos; los imitaba porque buscaba una salida; no por otro motivo. (…) Y aprendí, estimados señores. ¡Ah, sí, cuando hay que aprender se aprende; se aprende cuando se trata de encontrar una salida! ¡Se aprende de manera despiadada! (...)”

 

 

Franz Kafka, Informe para una Academia

 

 

17/03/2007 20:30. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

exámenes

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“(…) Ha pasado semanas preparando este examen del que, una vez más, depende la continuidad. Años atrás hubiese dicho que es un examen crucial, pero con el tiempo ha aprendido que todos los exámenes son cruciales, hasta el punto de que un examen que no fuese crucial no le parecería, no sería, un auténtico examen. Acaba de leer las cinco preguntas y respira tranquilo. De las cinco sabe cuatro a la perfección. Por lo tanto, puede ya considerarse aprobado (como mínimo). Gira la vista hacia los otros examinandos y ve cómo cunde el nerviosismo: la mayoría escribe deprisa; como si se les fuese a acabar el tiempo, llenan una hoja tras otra, con cara quebrada. Hay dos que piensan intensamente. Se nota porque miran hacia el techo, con el ceño fruncido; uno de ellos muerde, además, la punta del bolígrafo. Otro ha agachado la cabeza para esconderse de la vista del examinador y dirigirse al del pupitre de al lado: mueve los labios vocalizando lentamente una palabra, pero el del pupitre de al lado no le entiende; le responde arrugando la boca y levantando los hombros. El que vocaliza en silencio repite la palabra una y otra vez. Llevan así un buen rato, y continúan hasta que el examinador empieza a pasear por los pasillos que las tres filas de pupitres dejan entre sí. El que se agachaba se yergue con una seriedad exagerada y delatora. Como si a él también le pudiesen pillar en falta, el examinando se endereza también y decide empezar de una vez. Saca el capuchón del bolígrafo y escribe su nombre. Empieza a contestar la primera pregunta, con letra clara y equilibrada, una palabra tras otra, en líneas apretadas y rectas. Cuando acaba la primera pregunta empieza con la segunda. Pero a las pocas líneas se siente desfallecer de nuevo y deja de escribir. Está cansado. Pero sólo los últimos días de estudio intenso no le pueden haber causado tanto; quizá lo que le agota ya es el continuo de exámenes que ha tenido que ir superando desde la infancia, uno tras otro. Si como mínimo divisase el final. Pero después de aquel examen habrá otro, y tras ése, otro. Sabe que prepararse requiere esfuerzo, que de hecho nunca se sabe lo suficiente, ni se demuestra suficientemente cuánto se sabe, sea suficiente o no. Pero ese convencimiento no le impide preguntarse si habrá algún día un último examen. (…)

 

¿Por qué continúa examinándose? De hecho, ¿de qué le sirve y para qué le servirá? ¿No sería mejor dejarlo ya, inmediatamente? Igual que no recuerda los primeros exámenes, ha olvidado también el objetivo final que debe haber más allá del de convertirse, momentáneamente, en examinador. Sabe que los examinadores (que han tenido que superar la serie de exámenes por la que él pasa ahora) se examinan a su vez, pero no sabe para qué. ¿Para convertirse (¿momentáneamente también?) en examinadores de los examinadores? Ni tan sólo es seguro que convirtiéndose en examinador lo sepa. Igual que tampoco sabía, cuando empezó de niño, que el primer objetivo (ése al cual cree acercarse) es convertirse en examinador. Empezó, cree recordar, porque sus padres (como absolutamente todos los padres) querían que estudiase. (…)”

 

 

Quim Monzó, Tres bocetos

 

19/03/2007 13:52. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

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No quiero morir en la carretera. Como todas esas

alimañas que yacen sobre el asfalto en su mancha roja.

No quiero morir. Aunque hay días que me siento

como si resucitara. Me han matado muchas veces

pero las balas me han atravesado. Y me miro perplejo.

Extrañado por los nuevos orificios y porque sigo

sobreviviendo a las balas, los días y los asesinos

de tres al cuarto. No sé si les falla la puntería o si

mi corazón va por libre y las esquiva ágil cual androide

de Matrix. En serio, no quiero morir. Ni contemplarme

horadado, ni enorgullecerme de mis fracasos como

ese edificio de Sanchinarro con el vientre perforado.

Y juro por Borges que no se trata sólo de mi yo poético

que ya sufre bastantes metástasis el pobre, a mi pesar.

Estoy harto de morir. De morir viajando, trabajando,

fracasando, denunciando, opositando. También es cierto

que, como buen inconformista, me hartaría fácilmente

de lo contrario. Así que no tomen esto como una queja.

Es sólo una declaración de amor.

 

play-doc

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Esta tercera edición del festival Play-doc me ha venido como anillo al dedo. Si ya me había fascinado la programación de documentales sociales los dos años anteriores, en esta ocasión me he sumergido en casi todas las proyecciones a modo de terapia. El desencanto con la realidad académica no me desangra, no paraliza mis inquietudes con las realidades urgentes, invisibles y estremecedoras que nos atraviesan. En un festival como este, además, no se trata sólo de relatos en una pantalla sino de un encuentro social donde compartir comentarios, conocer algunos detalles y opiniones de quienes idearon las filmaciones, reconocer a quienes se reúnen junto a ti para aceptar la interpelación de esas historias. Historias muchas de ellas distantes y dolorosas, casi todas alejadas del preciosismo naturalista, a buen seguro fruto del agudo criterio de los organizadores que con tanto afán se entregaron a convocar, difundir y seleccionar las obras. Me produjo una tremenda empatía sólo atemperada por la distancia que siento ante cualquier evento que exija mucho dinero, hoteles y consumo ostentoso. Pero habilitaron un bar con precios muy asequibles, derrocharon música y amabilidad a raudales, subvirtieron las vallas publicitarias de la ciudad, nos regalaron juegos de luces y de signos mínimos para nuestros sentidos, invitaron a gentes extravagantes a compartir sus vanguardias. La terapia, como se ve, es sólo eso: una bocanada de aire fresco, de sociedad, arte y denuncia de este miserable mundo que aplasta tantas vidas.

 

Y los documentales que me maravillaron: “Estrellas de la línea” (Chema Rodríguez, 2006), “Kha-Chee-Pae” (Miroslav Janek, 2005), “The Mother’s House” (Francois Verster, 2005), “Pensando en soledad” (Marcos Nine, 2006), “Bullshit (Pea Holmquist y Suzane Khardalian, 2005) y “Popaganda: The Art and Crimes of Ron English” (Pedro Carvajal, 2005). Más información en www.play-doc.com

 

Estrellas de la Línea

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En “Estrellas de la línea” (Chema Rodríguez, 2006) se vuelve al manido tema de la prostitución. En este caso es un barrio de la capital de Guatemala. Las prostitutas parecen ejercer por libre, sin patrón por medio. Pero también sin amparo legal ninguno, sufriendo abusos policiales, clientes violentos, la tiranía de sus toxicomanías, las necesidades de sus hijos, el aislamiento de sus familiares, el encarcelamiento de sus parejas. Una línea de ferrocarril es el centro de la calle y en ella juegan al fútbol el hijo y marido de una de las prostitutas. Una mujer anciana que también fue prostituta en el pasado y ahora es alcohólica, casi ciega y a la que el huracán Mitch le dejó sin sus paredes y techos de cartón, les vende condones a las prostitutas jóvenes y les lava la ropa. Y canta boleros divinamente. Y tiene un compañero también anciano que la quiere y le está reconstruyendo un nuevo habitáculo. Lo fascinante de la historia es que un joven homosexual anima a las prostitutas a constituir un equipo de fútbol y a aprovechar los partidos para exigir respeto y denunciar sus calamidades ante el resto de la sociedad. Las chicas se entrenan, juegan, pierden casi todos los partidos, se divierten, viajan y entre medias nos van relatando sus penurias, sus conflictos inacabables, enredados en múltiples elementos ajenos e inherentes, a la vez, a su voluntad. No hay ningún final feliz. Eso es lo más estremecedor del relato. Los momentos de felicidad son tan escasos y milagrosos que constantemente esperas alguna resolución sorprendente. Pero no. La vida sigue ahí enredada, el barrio convertido en un gueto con sus muros invisibles. Han intentado cambiar algo en sus vidas, no hay duda, y han recibido ayudas externas que las respetaban y las dejaban decidir, y todo eso es ejemplar. Pero las losas sobre esas vidas son duras y pesadas. El director del documental se va desolado, nos deja desolados. Un capítulo más del feminicidio mundial que no parece indignar a gobernante alguno, ni en Guatemala, ni en México, ni en Tailandia, ni en España.

 

 


27/03/2007 10:15. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

Kha-Chee-Pae

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Kha-Chee-Pae” (Miroslav Janek, 2005) es, sobre todo, una obra poética, un difícil juego de funambulistas entre los sentimientos de ausencia de los niños de un orfanato checo. Entre los niños hay ternura y agresiones, fantasías desbocadas, juego e incertidumbre. Lo mejor del relato es que los mimbres se van tejiendo con sorpresas continuas para el espectador. Unas veces son los propios niños los que filman e inventan sus propios cuentos. Otras veces parece que los cineastas les regalaron historias de animación a los niños. Las entrevistas directas a los niños son breves, nada condescendientes por parte de los entrevistadores, y no se acumulan académicamente. Lo primero era jugar y grabar jugando. Los adultos casi no se dejan ver, pero sabemos que están por ahí, detrás de las cámaras, por sus sombras, acciones y referencias. Los niños, finalmente, no aparecen como dulces angelitos o tristes víctimas de situaciones familiares trágicas. Son muy distintos entre ellos, más o menos activos, conscientes de sus vínculos con otros niños y con sus propias ficciones. No se trata sólo de una descripción de un recinto institucional de reclusión, sino de ir destapando velos y conflictos gracias a una actitud de entrega al juego por parte del director (y suponemos que también del resto de su equipo) del documental. Toda una lección de arte participativo. Y en medio de la penumbra anoté dos frases que me recorrieron la columna vertebral como un escalofrío: ¿Habéis visto toda la belleza que hay alrededor? Llenad las horas de felicidad como un jardín de flores.

 

27/03/2007 10:27. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

The Mother's House

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Entre las películas que se han presentado acerca de la dureza de las condiciones de vida en países africanos, “The Mother’s House” (Francois Verster, 2005) fue la que, sin duda, mejor calidad narrativa y fílmica demostró. Parecía una auténtica obra de ficción. Las protagonistas parecían ajenas a la presencia de las cámaras la mayor parte del tiempo. Se peleaban, lloraban, se intoxicaban como si de un “reality show” se tratase. A través de los dilemas y sufrimientos de Miché desde que cumple once años hasta que llega casi a los dieciséis, se nos muestran las dificultades de su madre seropositiva que tiene un nuevo bebé y que vive conflictivamente con su hermana, su sobrina y la matriarca de todas (madre de unas, abuela de otras). Ésta última, una operaria de cadena de montaje que no ha conocido más horizonte en su infancia que luchar contra el Apartheid y mantener una estricta disciplina en el seno de su familia. Pero la madre de Miché, abandonada por su marido y aún enclaustrada en la casa materna junto a sus propios hijos, descarga toda su ira sobre la pobre adolescente. Miché sólo piensa en abandonar cuanto antes esa familia opresiva y el propio gueto en el que viven, pero tras una breve estancia en Johannesburgo con una tía igual de autoritaria, regresa a casa y acabará cediendo a las tentaciones del cristal, la cocaína y la heroína que constituyen la primera afición de sus amigos más próximos. Aparte de una tímida tentativa final de Miché por acudir a un centro de desintoxicación, apenas hay aquí acciones que cambien radicalmente las circunstancias de vida. De nuevo parece que las personas se dejan arrastrar por la condición social que les ha tocado en suerte o, más precisamente, en desgracia. Ni siquiera en la democracia post-apartheid hay escapatoria. Y sospechamos que Miché no será nunca esa doctora que le gustaría ser de mayor para hacer algo que cure a su madre y con ello conseguir, por fin, que ésta la quiera.

 

27/03/2007 10:39. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

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