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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.

Padre nuestro

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Los relatos fílmicos también deben apasionarte. Como tantas cosas en la vida. Si no, ¿qué nos aportan? ¿con qué presupuestos las vamos a interpretar, a integrar, a darles sentido? El conflicto puede surgir, evidentemente, con valoraciones objetivas. Pero en las obras artísticas el margen para la valoración objetiva parece más estrecho que para la apreciación subjetiva... La película “Padre nuestro” (Christopher Zalla, 2006) posee indudables valores cinematográficos de uno y otro costal: ritmo y acción, diálogos ricos, personajes consistentes, escenas inesperadas... Además, como buen relato realista (recuérdense otras películas recientes de su género como Tsotsi, Pan y Rosas, El Jardinero Fiel, Crash, etc.), plantea dilemas morales meridianos. La sinopsis es orientativa pero puede ser engañosa de los grandes logros de esta filmación: un joven mexicano analfabeto y cuya madre ha fallecido, viaja clandestinamente a New York a la búsqueda de su padre que, supuestamente, ha acumulado una fortuna después de más de una decena de años como inmigrante. La riqueza del padre, en efecto, existe, pero escondida en los fondos de una miserable vivienda de Brooklyn en la que el hombre se intoxica de alcohol, de soledad y de horas extras cosiendo flores de tela. El joven es asaltado y humillado nada más darse de bruces con el suelo neoyorquino. Su identidad, para más colmo, es suplantada por otro joven mexicano con amplias dotes delincuenciales que pondrá al servicio de su taimada relación con su recién adoptado falso padre. La ingenuidad y arrojo de uno, las artimañas e inmerecidos beneficios de otro, la paradójica frustración del inmigrante perpetuamente ilegal e invisible, o el eslabón que representan una prostituta y otros trabajadores inmigrantes, se nos ofrecen no sólo como descripciones dramáticas de un submundo, sino como ejes de unos eventos que van a transformar la vida de cada uno de ellos. Cada imagen y cada escena iluminan esas transformaciones. Las palabras no sobran ni faltan. El corazón te palpita hasta el último momento.



02/11/2007 20:19. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

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esgrimen bellos mapas anacrónicos

los tahures de la ambigüedad, en los umbrales

zarpar hacia las reservas ascéticas de coraje,

templar las tensas dosis de aliento

que glorifican la sed pletórica de uno mismo,

cómo azuzar esa lumbre, instar la travesía,

persistir en el culto de una ética ubicua,

consagrarme a ti y a tus labios de rocío perenne



24/11/2007 12:43. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

Jay-Jay

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La primera vez que lees su nombre, Jay-Jay Johanson, te quedas estupefacto. Su rostro, con apariencia de ingénuo, no te deja menos perplejo. La forma de cantar y las bases electrónicas de muchas de sus canciones suenan, cuando menos, originales: llenas de sutilezas y calidez. Las letras, sin embargo, están cargadas de desamor y tristeza. Anoche fuimos a verlo actuar en Barcelona, a dejarnos mecer, casi bailar. Delicado, sensible y concentrado, bebía agua y whiskey, dando a entender que muchas de sus canciones las ha vivido en primera persona. En la sala Salamandra, además, los fumadores debían retirarse para hacer sus necesidades a un recinto aparte. Así que respiramos a fondo cada una de las canciones y nos fuimos a casa recordando la mirada lánguida y las melodías de Jay-Jay. Un placer.







Música de Agua Fluyendo II

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Clara corriente fluyendo

clara corriente fluyendo


Tu agua es luz

en mi boca

Y una luz para mi seco cuerpo


Tu fluir

Música

en mis oídos. Libre,


Fluyendo libre

Contigo

en mí.



Gary Snyder, La mente salvaje



30/11/2007 19:04. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

La pasión de Michel Foucault

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El libro que me ha atrapado durante los últimos dos meses es una obra, ante todo, densa, espesa y extensa: La pasión de Michel Foucault (James Miller, 1993). Se trata de una biografía del filósofo francés en la que se alternan exégesis de sus principales ideas y un relato a trompicones de algunos de sus acontecimientos vitales más significativos. Me lancé a esta lectura sin reparar un instante en sus implicaciones. Podía hacerlo simplemente para seguir afinando mi dominio de las teorías que Foucault propuso en sus intrincadas publicaciones (Las palabras y las cosas, Vigilar y castigar, Historia de la sexualidad, etc.) y que tan afanado me tuvieron durante años (desencriptando, primero, y evaluando, después). Pero también podía tomarme la lectura con un distanciamiento literario, dejándome llevar por la curiosidad hacia vidas ajenas, por el carácter sorprendente y novelado de un personaje singular del siglo pasado. Posiblemente fueron ambas cosas las que me motivaron, pero no menos lo hicieron numerosos interrogantes acerca de mí mismo que ese espejo desnudaba desde la primera página.


Del Foucault “activista” frente al sistema carcelario y la homofobia tenía vagas noticias y, más que nada, una simple e ingénua admiración. A este respecto Miller muestra cómo se va gestando tardíamente su politización, los gestos públicos que adopta y su progresivo distanciamiento del izquierdismo más guerrillero. Del Foucault “académico” Miller presenta de forma algo simplificada, pero precisa, las principales tesis de cada una de sus obras. Lo mejor es que las emplaza en una red de complicidades filosóficas y literarias (entre las que destacan las figuras de Nietzsche y de Gilles Deleuze) que el propio Foucault se encargará de destejer con sus habituales ademanes escurridizos. Me resultó curioso, no obstante, comprobar cuán diferente fue en su día mi lectura sociológica de los libros de Foucault y por momentos me resistía a aceptar en la biografía confeccionada por Miller esa ausencia de subrayados en el método y en las proposiciones teóricas que de forma tan brillante aportó, a mi entender y al de muchos, al análisis sociológico.


Pero lo que sin duda constituye la fuerza motriz de este libro es la recomposición “humana” de Foucault como alguien fascinado y siempre al borde de “experiencias-límite”. La muerte, la locura, la violencia y el sadomasoquismo son algunos de los ejes que, al parecer, nutrían cada uno de sus actos solitarios y sociales. Su fallecimiento a causa del SIDA, posiblemente a raíz de sus temerarias prácticas sexuales en el “mundo del cuero”, va hilando la narración hasta culminar con las disquisiones últimas del filósofo -aparentemente contradictorias con todas sus provocaciones anteriores- acerca de los límites éticos de la violencia y del conocimiento de la verdad sobre uno mismo. Este maestro de la desconstrucción crítica de los conceptos convencionales poseía, además, un magnético don para envolver sus escritos artísticamente, con ficciones estéticas y sugerencias líricas, fruto evidente de sus propias convicciones acerca de las lábiles fronteras entre distintas formas de pensamiento. Nunca imaginé, pues, que se tratara de un hombre tan excesivamente serio, tan excesivamente irreverente, tan excesivamente inquieto, y discretamente apasionado. Tan excesivo, en definitiva. Por todo ello (corolario) encuentro conmovedor este relato sobre su vida y su obra, superando con creces a muchas novelas al uso con las que te distraes en el metro y, sobre todo, poniendo de relieve cuestiones espinosas (acerca de la libertad, la ciencia o el placer, por ejemplo) que cualquier persona inconformista y sensible se suele plantear.



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