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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.

cuentos japoneses

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Leer para quemar el tiempo de los viajes. Leer porque sales a la calle cada día con una luz distinta en tus ojos. Leer porque la curiosidad es más fuerte que tu voluntad. Entre los libros insólitos que he ido rebuscando en estanterías llenas de polvo y ferias de anticuarios, esta vez le ha tocado el turno a los cuentos japoneses de Lafcadio Hearn (1850-1904). Este greco-inglés acabó dando con sus huesos en Japón y de su enamoramiento de las delicadas costumbres niponas y de la hija de un samurai, surgió su devoción hacia la literatura de aquel país. Los cuentos de Kwaidan destilan fantasía, moralinas, budismo y feudalismo. Aunque el estilo narrativo puede parecer muy clásico para quien se encuentre ávido de innovaciones, la redacción nítida y la culta prosa que emplea (el traductor, por lo menos; es de suponer que siguiendo la estela originaria del creador) destilan una agradable sensación de placidez. Los personajes meditan, sueñan, son objeto de avatares sorprendentes y muchos parecen albergar una recia y ejemplar fortaleza de espíritu. Leer es también una forma de hacer amigos, de recrear los que tienes intercambiando las voces que leemos. Por eso Enrique me ha pasado otro libro del mismo Hearn que, sin duda, me abrirá nuevas ventanas al universo del Japón ancestral. Son sorprendentes los derroteros que va tomando la vida después de cada decisión que tomas, especialmente de aquéllas que son guiadas por una insaciable, y tal vez oscura, curiosidad.

 

 

 

 


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huésped del agua,

ahora yaces en mi seno

mientras yo acaricio tus alhajas

y el verbo nos venera

en su celeste centelleo,

donante de albas,

restañadora de los círculos,

sacias el clamor

con el lujo de tus viandas,

suturamos a zancadas

lo que nos separa, devolvemos

a su regazo el ajuar

de la tez que nos continúa,

zahorí entre plegarias

mecidas por el otoño,

por mi prudencia atemporal

y tu afán de analogías

nos adelantan las tortugas,

ganamos a los galgos,

sorteamos los precipios

y en nuestro amor brotan

labios, vuelos, sangre dulce,

las horas que asimos

como si tallaran nuestro ser,

ahora que llueven perlas

vírgenes cuando estamos,

mi escultora del aire,

ahora es cuando sé

que somos dioses transparentes,

que forjamos nuestro vínculo

tenaz, de seda y años luz,

sin demora, en humilde

imprecación y júbilo,

sin demora




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Dance me to your beauty with a burning violin
Dance me through the panic 'til I'm gathered safely in
Lift me like an olive branch and be my homeward dove
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love
Oh let me see your beauty when the witnesses are gone
Let me feel you moving like they do in Babylon
Show me slowly what I only know the limits of
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love

Dance me to the wedding now, dance me on and on
Dance me very tenderly and dance me very long
We're both of us beneath our love, we're both of us above
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love

Dance me to the children who are asking to be born
Dance me through the curtains that our kisses have outworn
Raise a tent of shelter now, though every thread is torn
Dance me to the end of love

Dance me to your beauty with a burning violin
Dance me through the panic till I'm gathered safely in
Touch me with your naked hand or touch me with your glove
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love

Leonard Cohen

qué tan lejos

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En la 8º semana de cine solidario de Logroño este año han proyectado películas tan acertadas como “Qué tan lejos” de Tania Hermida (2006). Las dos protagonistas se alían, casualmente, en un viaje lleno de peripecias desde Quito hasta Cuenca (Ecuador). Esperanza es una joven española aparentemente ingénua, siempre dispuesta a hacer amigos y coleccionista de postales de todos los lugares del mundo a donde se escapa siemrpe que puede gracias a los descuentos que le proporciona el trabajar en una agencia de viajes en Barcelona. Teresa se le presenta a Esperanza con el nombre de Tristeza: una ecuatoriana aparentemente fría y altiva de clase acomodada que estudia filología en la universidad, lee con fruición a Octavio Paz y cree que se halla enamorada de, y correspondida por, un biólogo “mochilero” como ella que se va a casar con otra chica por, supuestamente, presiones familiares. A raíz de una huelga indígena que ha cortado las carreteras, ambas se apean del autobús y comienzan a caminar y hacer auto-stop para alcanzar su destino lo antes posible. En el camino se encontrarán con, y se acompañarán de, Jesús, un actor aparentemente huraño que lleva en una urna las cenizas de su abuela recién fallecida a Cuenca, para cumplir su última voluntad. Nadie es lo que parece y en su periplo van a emerger cariños y aprendizajes esenciales para cada uno. Son especialmente deliciosos los juegos de lenguaje y malentendidos, o sobreentendidos, que aparecen entre el idioma español de Esperanza y el propio, y a veces ininteligible para la primera, de los ecuatorianos. También la crítica velada al trabajo infantil, representada por brillantes niñas llenas de chispa, y la presentación del desparpajo con que los terratenientes se pasean en sus coches todoterreno por el país. Los estremecedores paisajes están sacados a propósito del marco de postal que busca la turista ávida de cosificaciones. Los personajes, finalmente, se desenmadejan con naturalidad y cada uno llega, sin traumas, a un estadio más de su vida. A muchas ideas previas en contra del machismo o a favor del indigenismo, por ejemplo, se les da bruscamente la vuelta obligándonos a cuestionarlas con más radicalidad. Y todo ello bajo la apriencia de una “road movie” sencilla y sin estruendo. Pero, ya os lo decía, nada es lo que parece.



sed de ti

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Sed de ti que me acosa en las noches hambrientas.

Trémula mano roja que hasta tu vida se alza.

Ebria sed, loca sed, sed de selva en sequía.

Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas.

Hacia dónde, en las tardes que no vayan tus ojos

en viaje hacia mis ojos, esperándote entonces?


Estás llena de todas las sombras que me acechan.

Me sigues como siguen los astros a la noche.

Mi madre me dio lleno de preguntas agudas.

Tú las contestas todas. Eres llena de voces.

Ancla blanca que cae sobre el mar que cruzamos.

Surco para la turbia semilla de mi nombre.

Que haya una tierra mía que no cubra tu huella.

Sin tus ojos viajeros, en la noche, hacia dónde.


Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.

Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.

Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.

Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.

Sed de ti, sed de ti, guirnalda atroz y dulce.

Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.

Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.

El alma está incendiada de estas brasas que te aman.

El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.

De sed. Sed inifinita. Sed que busca tu sed.

Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.



Pablo Neruda, en El hondero entusiasta




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cada día le damos el pecho

a nuestro fruto,

siento más cerca tu voz,

me regalas uvas y brisa

y me aprietas a tus costillas,

sellamos los intersticios

en los que nos concitamos,

desciendo hasta la sima de tu vigor

para empaparme y desayunar

y rememorar nuestros ejercicios

de equilibrio ante el azote de las olas,

así es muy fácil estar al lado

y al oído, exaltar lo inefable,

lo fugaz y perpetuo que nos une,

quererse con las yemas de los dedos,

sudar el aceite dorado

que nutre esta gloriosa soberanía


en la casa de nuestros seísmos

florecen las virtudes

y expiramos vientos nuevos




cheek to cheek

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Heaven, I’m in heaven
And my heart beats so that I can hardly speak
And I seem to find the happiness I seek
When we’re out together dancing cheek to cheek
Heaven, I’m in heaven
And the cares that hung around me through the week
Seem to vanish like a gambler’s lucky streak
When we’re out together dancing (swinging) cheek to cheek
Oh I love to climb a mountain
And reach the highest peak
But it doesn’t thrill (boot) me half as much
As dancing cheek to cheek
Oh I love to go out fishing
In a river or a creek
But I don’t enjoy it half as much
As dancing cheek to cheek
(come on and) dance with me
I want my arm(s) about you
That (those) charm(s) about you
Will carry me through...
(right up) to heaven, I’m in heaven
And my heart beats so that I can hardly speak
And I seem to find the happiness I seek
When we’re out together dancing, out together dancing (swinging)
Out together dancing cheek to cheek



Irving Berlin


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