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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2008.

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Agua helada y dura,
luna de enero,
tu madreperla
es el silencio.

 

 

En la noche rasa
y el desamparo
-pizarra limpia-,
yo escribo claro.

 

En el espejo ciego
me paro a ver
el dolor reflejado,
la verdad al revés.

 

Tanto he sufrido y tanto
he ido olvidando,
que cuando escribo
no sé a quién le hablo.

 

Para saber si existo
canto y no sé
si lo que soy ya fui
o si seré.

 

Gabriel Celaya, Canción

 

 

 

12/08/2008 10:14. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

Blades, Manecas y Deluxe

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El verano siempre nos gratifica con música y cine al aire libre. De lo primero, las tres últimas raciones han sido algo variopintas: Rubén Blades, Manecas Costa y Deluxe. Los dos primeros, en Vigo: el panameño en el acogedor y popular anfiteatro de Castrelos, el guineano en el entrañable corazón del casco viejo. Lo de Xoel López y sus acólitos fue casi una improvisación institucional de última hora en Tui para ponerle el broche final a un concurso de bandas jóvenes. Rubén Blades, actualmente ministro de turismo de su país después de años de presentarse como candidato presidencial, sigue trovando con buena voz y caribeña orquestación su Pedro Navaja, su Caminando, su Camaleón y muchas otras historias cotidianas de gentes humildes, esperanzas sencillas e injusticias corrientes. Bailar salsa con estas letras, por fortuna, no te sumerge en la indiferencia ni te escandaliza como tantas otras proclamas machistas del género. Y la sección de vientos y metales, tan bien coordinada con el resto, sonaba sublime. Me alegró también compartirlo con Elías y con esos cientos de personas anónimas que congrega tan maravilloso auditorio... Unos días después, el cartel festivo de Vigo nos regaló con la visita de un genial guineano-portugués que con sólo su guitarra y su hermosa actitud nos acariciaba los oídos y nos mecía todos los sentidos. Ya lo había escuchado antes enlatado gracias a algunas de las emisiones especiales de Cuando los elefantes sueñan con la música (en Radio 3), pero seguro que andaré tras su pista con más atención en el futuro... La descarga pop-rock del grupo coruñés Deluxe era harina de otro costal. Aunque no es uno de mis estilos preferidos, no tengo prejuicios y sí, más bien, mucha curiosidad por grupos como este con tan estupendas referencias del pasado. Las canciones sonaban contundentes, pegadizas y con sus toques de delicadeza oportuna. Desde luego, más originales y con menos aires de superestrellas que otros grupos de la escena pop-rock comercial a los que no soporto ni un minuto. Así que estupendos bailes y melodías para salpimentar la temporada estival.

 

 

 

 

16/08/2008 23:31. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

Leer Lolita en Teherán

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“Me obsesiona una fantasía que tengo sobre la adición de un nuevo artículo a la declaración de derechos del ciudadano: el derecho a la imaginación. He llegado a la conclusión de que la auténtica democracia no puede existir sin libertad de imaginar ni sin el derecho a utilizar obras de la imaginación sin restricción alguna. Para tener una vida completa, hemos de tener la posibilidad de formar y expresar públicamente mundos, sueños, pensamientos y deseos privados, de tener acceso continuo a un diálogo entre los mundos público y privado. ¿De qué otra manera podemos saber que hemos existido, sentido, deseado y temido?

 

(...) ’Yo no puedo acostumbrarme’, dijo Manna un día. Y yo no podía culparla. Seguíamos siendo desdichadas, comparábamos nuestra situación con nuestra propia capacidad y nuestras propias posibilidades, con lo que podíamos tener, y había poco consuelo en el hecho de que millones de personas fueran más infelices que nosotras.

 

(...) -Aprende de nosotras -dijo Azin. ¿Para qué necesitas casarte? -Había recuperado el tono insinuante-. No te tomes en serio a esos individuos: sal con ellos y pásalo bien.

Mi amiga la abogada tenía muchos problemas con Azin. Al principio ésta se había mostrado inflexible con lo del divorcio. Diez días después había acudido al bufete con su marido, su suegra y sus cuñadas. Pensaba que la reconciliación era posible. Poco después se presentó sin cita previa; estaba cubierta de magulladuras y dijo que la había vuelto a golpear y que había dejado a su hija en casa de la madre de él. Por la noche, él se había arrodillado al lado de su cama, llorando y suplicándole que no lo abandonara. Mientras hablábamos, Azin rompió a llorar otra vez, diciendo que él le quitaría a la niña si seguía adelante con el divorcio. Aquella niña era toda su vida, ’y ya conocéis a los tribunales, la custodia de los hijos siempre se la dan al padre’. Azin sabía que él sólo quería a la niña para hacerle daño a ella. Nunca se preocupaba por la niña y lo más probable era que la mandase a casa de su madre. Azin había solicitado un visado para Canadá, pero aunque habían aceptado la solicitud, no podía abandonar legalmente el país sin el permiso del marido. ’Sólo si soy dueña de mi propia vida podré obrar sin el permiso de mi marido’, dijo, desesperada y dramáticamente.

 

(...) Cuando me preguntan por la vida en la República Islámica de Irán, no soy capaz de separar los aspectos más personales y privados de nuestra existencia de la mirada del censor ciego. Pienso en mis chicas, que procedían de diferentes clases sociales. Sus dilemas, independientemente de su clase y sus creencias, eran comunes y procedían del expolio, a manos del régimen, de sus momentos más íntimos y de sus aspiraciones privadas. Este conflicto se encuentra en el centro de la paradoja creada por el Gobierno islámico. Ahora que los ulemas gobernaban el país, la religión se utilizaba como instrumento de poder, como ideología. Este enfoque ideológico de la fe diferenciaba a los que estaban en el poder de los millones de ciudadanos de a pie, creyentes como Mashid, Manna y Yassi, que descubrieron que la República Islámica era su peor enemigo; las personas como yo odiaban la opresión, pero los otros tenían que contender con la traición. Sin embargo, también a ellos les afectaban más directamente las contradicciones e inhibiciones de la vida privada que los grandes asuntos de la guerra y la revolución. Aunque viví en la República Islámica durante dieciocho años, no conseguí captar por completo esta verdad durante los primeros años de agitación, durante las ejecuciones públicas y las manifestaciones sangrientas, ni durante los ocho años de guerra, con la alternancia de las sirenas blancas y rojas, mezcladas con el rugido de los cohetes y las bombas; sólo después de la guerra y de la muerte de Jomeini vi con claridad que éstos eran los dos factores que habían mantenido al país unido a la fuerza, impidiendo que las voces discordantes y las contradicciones salieran a la luz.

 

(...) Nassrin me habló de su temporada en la cárcel. Todo había sido un accidente. Recuerdo lo joven que era; todavía iba al instituto. ’Temíamos exagerar cuando les atribuíamos canalladas -dijo-, pero ahora sabemos que casi todo lo que oímos sobre la cárcel era cierto. Lo peor era cuando gritaban nombres a media noche. Sabíamos que las llamaban para ser ejecutadas. Decían adiós y, poco después, oíamos el sonido de las balas. Sabíamos el número de fusilados en una noche concreta por los tiros de gracia que se oían invariablemente después de las descargas. Había una chica allí cuyo único pecado era su asombrosa belleza. La habían encerrado porque algunos la habían acusado falsamente de inmoralidad. La retuvieron durante un mes y la violaron repetidas veces. Se la pasaban de un guardia a otro. La historia recorrió rápidamente la cárcel, porque la chica ni siquiera estaba allí por motivos políticos, con las presas políticas. Casaban a las vírgenes con los guardias, que más tarde las ejecutaban. La filosofía que había detrás de todo esto era que si eran ejecutadas siendo vírgenes, iban al cielo. Hablas de traiciones. Por lo general, obligaban a las que se habían convertido al Islam a disparar el último tiro en la cabeza de sus camaradas, para demostrar su lealtad al régimen. Si yo no hubiera sido una privilegiada -dijo con rencor-, si no hubiera estado bendecida con un padre que tenía su misma fe, Dios sabe dónde estaría ahora; en el infierno con el resto de vírgenes violadas, o quizá sería de las que pusieron la pistola en la cabeza de alguien àra demostrar su lealtad al Islam.’

 

(...) -Una novela no es una alegoría -dije cuando la clase estaba a punto de acabar-. Es la experiencia sensorial de otro mundo. Si no entras en ese mundo, contienes la respiración con los personajes y te involucras en su destino, no habrá empatía, no habrá identificación, y la identificación está en el corazón de la novela. Así es como se lee una novela: inhalando la experiencia. Así que empezad a respirar. Sólo quiero que recordéis esto.

 

(...) La clase transcurrió sin novedad y las siguientes ya fueron más fáciles. Yo era entusiasta, ingenua e idealista, y estaba enamorada de mis libros. Los alumnos sentían curiosidad por mí y por el doctor K, el joven de cabello rizado con el que había tropezado en el despacho del doctor A, extraños fichajes de última hora en un período en que casi todos los estudiantes querían expulsar a sus profesores: todos eran contrarrevolucionarios, término que abarcaba desde trabajar con el régimen anterior hasta utilizar un lenguaje obsceno en clase.

Aquel primer día les pregunté a mis alumnos cuál era el objeto de la literatura, por qué hemos de molestarnos en leer literatura. Fue una manera extraña de empezar, pero conseguí atraerme su atención. Expliqué que durante el semestre leeríamos y comentaríamos a varios autores que sólo tenían en común el hecho de haber sido subversivos. Unos, como Gorki o Gold, eran abiertamente subversivos por sus objetivos políticos; otros, como Fitzgerald y Mark Twain, eran en mi opinión más subversivos, aunque no se notara tanto. Les dije que volveríamos sobre esta palabra porque para mí su significado era ligeramente distinto de la definición habitual. Escribí en la pizarra una frase de T. W. Adorno que me gustaba mucho: ’La más alta forma de moralidad es sentirse extraño en la propia casa.’ Expliqué que la finalidad de casi todas las grandes obras de imaginación era hacer que nos sintiéramos como extraños en nuestra propia casa. La mejor literatura siempre nos obligaba a cuestionarnos lo que dábamos por sentado. Ponía en duda las tradiciones y las esperanzas cuando parecían inmutables. Les dije a mis alumnos que quería que al leer aquellas obras pensaran en cómo les afectaban, les inquietaban, les hacían mirar alrededor y ver el mundo, como Alicia en el País de las Maravillas, con otros ojos.”

 

Azar Nafisi, Leer Lolita en Teherán. Una historia de amor, libros y Revolución

 

 

 

No Smoking

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Emir Kusturica -el genial director de películas inolvidables como La vida es un milagro o Gato negro, gato blanco- es el guitarrista de una banda iconoclasta: la No Smoking Orchestra. El pasado domingo actuaron en Vigo y lograron que miles de cuerpos comulgaran con sus agitaciones desenfrenadas, con sus irreverencias folkpunk y que repitieran al unísono “fuck you MTV” (entre otras ininteligibles proclamas, probablemente alguna en contra de la reciente independencia de Kosovo). Toda una fiesta cargada de simpatía, teatralidad, ritmo y bailes que recomiendo a cualquiera que tenga la oportunidad de cruzarse en el camino con estos músicos cargados de saludable gamberrismo.

 

 

 

19/08/2008 12:57. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

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