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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2008.

La antena

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Esta película de Esteban Sapir, La Antena (2007), es una sorprendente y lúdica experimentación estética y una pretendida fábula política, algo cándida y caricaturizada, pero no exenta de aciertos y poesía. Como advertencia previa para navegantes: el metraje es casi mudo y las imágenes en blanco y negro (o sea, en grises varios). Los constantes guiños a Metrópolis de Fritz lang y a otros clásicos del cine negro del cómic, no le restan un ápice a los inventivos juegos gráficos con las palabras impresas en la pantalla y que se mueven junto a los gestos de los personajes o de las agujas del reloj, por ejemplo. Audaz, pues, en las formas e hiperexpresiva en las facciones de los actores que lo dan todo por las exigencias dramáticas del guión. Todo envuelto en una atmósfera urbana brumosa y decadente, como si de los años ´30 se tratase. El mensaje de la película, demasiado obvio y redundante en ocasiones, es la recuperación de la voz y de las palabras (distinción que se irá revelando crucial en la lucha de resistencia que emprenden los protagonistas “salvadores”) que un malvado magnate de los medios de comunicación y de la alimentación ha usurpado a la población de una ciudad en permanente invierno con maquiavélicos planes para hipnotizarla y oprimirla. Sólo una hermosa cantante sin rostro y su hijo sin vista quedan como resquicios de la posibilidad de hablar en voz alta. El azar, la curiosidad de una niña y su amistad con el niño, descubrirán este secreto antes de que el malo malísimo logre exterminarlos. Los padres de la niña, hasta entonces separados, se unirán en la búsqueda de la antena desde la que poder emitir la voz del niño al resto de los habitantes en aras de conseguir que se emancipen del robo de la palabra que padecen. Pero, ¿lo conseguirán? ¿se reunificará la familia durante su epopeya? ¿cuántos deberán morir en el intento? Atrévete a descubrirlo junto a minuciosos objetos de toda índole que te harán sonreir constantemente (recuerdo ahora, entre otros muchos, una escafandra con las siglas CCCP; la esvástica nazi y la estrella judía, por el contrario, más bien parecen simbologías algo fuera de lugar) y a una magia igual de embriagadora que cuando leías historias de superhéroes.

 

 

11/05/2008 16:31. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

mestizajes

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Hace muchos años que empecé a escuchar músicas seleccionadas por Dj Floro (http://www.djfloro.net/) en distintos programas de Radio 3 (sobre todo, en el Trópico Utópico que tan buenos fines de semana nos ha dado Rodolfo Poveda). Por fin, el sábado pasado me pasé unas cuantas horas en La Boca del Lobo bailando todo tipo de ritmos mestizos, desde el afrobeat hasta el soul, el funk, sambas, skas, calypsos y las versiones más cálidas de clásicos variados. Toda una inmersión y un trance que sólo recordaba de los tiempos de la ya difunta sala Suristán, también en Madrid y en la que también pinchaba nuestro mismo mago. Dj Floro parece un tipo circunspecto y distante detrás de sus lentes organizadoras, pero también bonachón y sagaz, que sabe cómo jugar con los deseos y las células danzantes de su público. Y son estas personas de verdad las que te hacen viajar con dignidad por los ríos de cultura, mezcla e inventiva de medio mundo. ¿Para qué vamos a esperar otro cielo teniendo la dicha tan cerca?

 

 

14/05/2008 21:18. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

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¿De dónde soy?

Soy de lo que leo,

estanterías viejas

de libros y selvas,

páginas de tierra ensangrentada

por los disparos que agujerean las paredes

y le cierran los ojos a la vida.

 

¿Dónde está mi geografía,

mi pedazo de mundo?

No siento la patria,

ninguna historia se escribe con mayúsculas,

sólo un susurro extraño

de ventilador y horas inmóviles,

tardes prostituidas,

negocios sudorosos

y las manos atadas a la espalda.

 

Ana Merino, La voz de los relojes

 

15/05/2008 11:28. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

autobiografía relajante

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“Algunos rasgos de mi personalidad sexual contienen pequeñas tendencias regresivas. A ellas remitiré asimismo la costumbre de consumar el acto sexual en un máximo de puntos del espacio conocido. Algunos de esos puntos son los que permiten a la pareja manifestar la urgencia del deseo y ensayar al mismo tiempo posiciones inéditas, entre la salida del ascensor y la entrada del piso, en la bañera o sobre la mesa de la cocina. Entre los más excitantes figuran los espacios de trabajo. Ahí se articulan el espacio íntimo y el espacio público. Un amigo, con quien me veía en su despacho, que daba a la calle de Rennes se la hacía mamar de buena gana delante del tabique de cristal que llegaba hasta el suelo, y la eufórica agitación del barrio, que ascendía hasta mí, arrodillada a contraluz, participaba claramente en mi placer. En la ciudad, a falta de un horizonte lejano, me agrada tener un punto de mira desde una ventana o un balcón cuando aprisiono en una cavidad secreta una polla lánguida. En casa, paseo una mirada vaga por encima del patio estrecho y por las ventanas de los vecinos; desde un despacho que ocupaba en el bulevar Saint-Germain contemplaba la fachada maciza del Ministerio de Asuntos Exteriores. He hablado también de algunos de esos puntos al mencionar el temor exquisito de exponerse a la mirada de testigos involuntarios. Yo añadiría a esa tentación exhibicionista la pulsión de marcar mi territorio, como haría un animal. A semejanza del lemur que define con unos chorros de orina el espacio que será suyo, dejas caer unas gotas de esperma en un peldaño de la escalera o la moqueta de un despacho, impregnas con tu efluvio el cuchitril donde todo el mundo deposita sus cosas. Al inscribir sobre ese territorio el acto por el cual el cuerpo trasciende sus propios límites, uno se lo apropia por ósmosis. Y te adueñas del espacio del prójimo. No hay duda de que en esta conducta hay una parte de provocación y hasta de agresividad indirectas hacia los demás. La libertad parece tanto mayor cuanto que te la otorgas en un lugar donde la cohabitación profesional impone normalmente reglas, limitaciones, aunque compartas ese lugar con las personas más discretas y tolerantes. Sin contar con que al anexionar eventualmente a tu esfera muy privada pertenencias ajenas, un jersey que alguien ha olvidado allí y que utilizas para asentar el trasero, la toalla de los lavabos del piso con que te vas a restregar la entrepierna, los involucras en cierto modo, sin que ellos lo sepan.”

 

Catherine Millet, La vida sexual de Catherine M.

 

 

El más alto erotismo

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Es la hora de la idea.

La hora del más alto erotismo,

del cuerpo reflexivo

meditando los trasiegos:

la materia hecha elixir

el sexo vertiendo olor a biblioteca

olor a libro antiguo

y delicioso.

Lees mi piel ahora

como una Biblia leída y vuelta a releer

que contuviera todas las posibles oraciones

necesarias para la humana salvación.

Con los ojos cerrados

sabes llegar al capítulo del clímax

al fragmento más lírico

o a las aún indescifrables profecías.

 

Es la hora del sabio escriba

que con la pluma de tinta húmeda y

la mano sin temblores

traza el placer

con la caligrafía exacta.

 

 

Gioconda Belli, Fuego soy, apartado y espada puesta lejos

 

 

18/05/2008 01:36. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

Electrodomésticos

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La vida toma el amor y lo tritura

igual que una de esas máquinas

que transforma vegetales

en purés, picadillos y jugos.

 

Dos crean el manjar único del amor

con sabor a sí mismos

y hay un embeleso inicial

un gusto de papilas excitadas

Y sin embargo,

en la era de los aparatos eléctricos

la vida es la gran procesadora:

la cotidianeidad y sus rutinas

las manías

el hombre siempre intentando

la estúpida supremacía

hasta que llega la hora

del hambre y la necesidad

de recurrir a las sobras

reciclar lo que permanece

Otra vez la máquina procesadora

el puré

el picadillo

hasta que sólo queda el líquido espeso

y aquel olor

al banquete

como una fotografía magnífica e irreal

brillando en la memoria.

 

 

Gioconda Belli, Fuego soy, apartado y espada puesta lejos

 

 

 

idas y vueltas

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Los tres entierros de Melquiades Estrada (2006) es una película dirigida por Tommy Lee Jones a partir del guión de Guillermo Arriaga (memorable, a su vez, por otros dos impactantes guiones previos: Amores Perros y 21 gramos, dirigidas por Alejandro González Iñárritu). En esta ocasión el relato nos sorprende porque aborda el fenómeno de la inmigración ilegal procedente de México hacia Estados Unidos, pero de una forma insólita. El director, que es también el actor principal -Pete-, se embarca en la ilegalidad de llevar a enterrar a México a su más entrañable amigo, un “espalda mojada” que fue asesinado impunemente en Texas. A ese viaje a caballo llevará obligado, a punta de pistola, al guardia fronterizo que mató a Melquiades. El periplo está lleno de desventuras, tensiones, violencias y soledad. También de unos paisajes desérticos pero con una soberbia y sobrecogedora belleza por los que deambulan y se escabullen los temerarios grupos de de inmigrantes mexicanos. La vida a ambos lados de la frontera parece anodina y descorazonadora para todos y sólo la ya cercenada amistad de Melquiades y Pete parece resplandecer a lo lejos, como una estrella fugaz de humanidad. Quizás es sólo un espejismo más, una ilusión necesaria para sobrevivir en un entorno hostil lleno de víboras, rayos infrarrojos y el gatillo fácil.

 

 

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¿Quién soy? ¿En qué pierdo o gano la vida?

¿Y si sólo me atraviesa y de nada sirve tejer,

dar ejemplo, sentir con plenitud

en un tiempo cósmico?

Todo procede de la infancia.

La infancia larga, añorada, robada, violenta,

preñada de unos pocos algoritmos

con los que leer el mundo.

Aquel niño incrédulo y expectante.

Aquella piel fronteriza, siempre ese recinto

de soledad, ese axioma, ese interrogante.

¿Por qué tanta demora

en reconciliarme con esa criatura?

Con estas credenciales no me extraña

que me confundan mis alumnos.

 

 

desamores

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“El amor es un combate perdido de antemano.

 

Al principio, todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado. Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro. El universo sonríe. Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando nieva por la tarde. Te dedicas a escribir libros sobre esta cuestión. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz? Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida.

 

El segundo año, las cosas empiezan a cambiar. Te has vuelto más tierno. Te sientes orgulloso de la complicidad que se ha establecido en tu pareja. Comprendes a tu mujer con sólo medias palabras; qué felicidad conformar un todo. En la calle, confunden a tu mujer con tu hermana: eso te halaga pero te va desgastando. Hacéis el amor cada vez menos y consideráis que no es grave. Estáis convencidos de que el fin del mundo está lejos. Defendéis el matrimonio delante de vuestros amigos solteros, que ya no os reconocen. Tú mismo, sin ir más lejos, ¿estás realmente seguro de reconocerte cuando recitas la lección aprendida de memoria y resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle?

 

El tercer año, ya no resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle. Ya no hablas con tu mujer. Pasáis las horas en el restaurante escuchando lo que cuentan las mesas vecinas. Sales cada vez más: eso te proporciona la excusa para no tener que follar. Pronto llega el momento en que ya no puedes soportar a tu esposa ni un segundo más, ya que te has enamorado de otra. Sólo hay un punto en el que no te habías equivocado: efectivamente, la vida siempre tiene la última palabra. El tercer año trae consigo una noticia buena y otra noticia mala. La noticia buena: asqueada, tu mujer te abandona. La noticia mala: empiezas otro libro.”

 

 

Frédéric Beigbeder, El amor dura tres años

 

 

más desamores

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“Julia sólo quería marcharse cuanto antes de Barcelona. «Dejarlo todo. Dejarlo atrás.» Bajo amenaza de demanda, Gaspar acabó aceptando un borrador de mutuo acuerdo. Según este borrador Virginia se iba iba con su madre a Santiago, donde empezaría el nuevo curso, después de pasar el mes de julio con su padre. Julia había alquilado un piso por teléfono, la matriculó en un colegio cercano. De nada de esto Gaspar se quiso enterar. Todo le parecía espantoso, y lo único que quería era asegurarse las vacaciones íntegras del verano. Navidad y Semana Santa con la niña, verla en Santiago cuando le diera la gana, llevársela al extranjero. Introdujo una cláusula en su propuesta que a su abogado le dejó los ojos como platos: «La cónyuge no podrá moverse del estricto marco de la comunidad autónoma gallega.» Ésas eran las aspiraciones de Gaspar, de aquel demócrata de izquierdas, de aquel antifranquista, de aquel culto señor. Uno de los principios de la constitución española protege del derecho de sus ciudadanos a moverse libremente por su territorio, pero es que Julia no era una ciudadana libre, no al menos para Gaspar. Por descontado, la casa se la quedaba él, y el ajuar. Después de levantar dos casas, de poner en orden la vida de Gaspar, Julia se llevaba un hatillo de estudiante y una hija. No pidió más. Pero lo del verano lo discutió. Se peleó para que sólo fuera un mes; acabó cediendo todas las vacaciones sin restricción, para que aquella locura acabase de una vez. En medio de las delirantes deliberaciones, se encontraba con él por la casa. «Si sólo me abrazara, si sólo me dijera quédate, no te vayas.» Pero aquella frase nunca llegó. ¿Pensar en abrazar a Julia? ¿Pedirle que se quedara, que recapacitara? Ni por asomo se le pasaba por la cabeza. Aquella mujerzuela era una alimaña, ¿cómo no lo había podido intuir? ¿Cómo había podido enamorarse de una cosa tan baja? ¡Se había atrevido a separarse de él, a hurgar en su patrimonio! ¡Había investigado en sus papeles del registro! Cuánta razón tenía Frederic cuando hizo su diagnóstico. «Las chicas de ahora no son como las de antes, papá.» Eso le había dicho Frederic a Gaspar cuando Julia apareció en escena. Aquella niña que tanto había querido, por la que todo lo había dejado, su palacio de desahuciado, su vida de divorciado, ahora se descubría como una verdulera. ¡Hasta se había atrevido a mandarle a la mierda! ¡A él, a Gaspar Ferré! Aquella jovenzuela le había dado una hija y ahora lo dejaba plantado, arrancaba a Virginia de Cataluña, de su familia. Gaspar prefería no pensarlo, se sentía fatal.”

 

Luisa Castro, La segunda mujer

 

 

28/05/2008 01:26. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

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