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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2008.

Viajando con Zenón

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Al filo de la hora de cierre, en el supermercado del barrio, secciones de embutidos y carnicería: tres empleadas sueñan estentóreas en voz alta, si les tocase la lotería viajarían lejos, unas a lugares exóticos, otras a exquisitos parajes y balnearios; pero que toque mucho, concuerdan, como para jubilarse.

 

Lo peor serian unas migajas, que la ilusión siga royéndoles de por vida.

 

A mi izquierda, en el avión, una joven sueca y rubia y madre por segunda vez: sigue cobrando el noventa por cien de su, sospecho, abultado salario, durante dieciséis meses; antes viajaba sola una vez por semana a las embajadas suecas por todo el mundo, y lo echa de menos.

 

Le hace pedorretas a su bebé y sueña con volver a cabalgar los cielos. Un azafato que le da el relevo comenta que en este vuelo han despachado más menús, de pago, que de costumbre.

 

En las reclusiones físicas sólo cabe la evasión interior.

De las cárceles invisibles pensamos que podemos huir a algún exterior, el que sea.

 

Pero el movimiento, si no es paradójico, produce constantes ‘jet lags’ y mareos.

 

(Por cierto, ¿cuántos sentidos de la vida cobijarían todos aquellos turistas?)

 

 

Escandinavia

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Salgo sobrecogido de contemplar

los soles y pájaros de Max Ernst

y, en las salas contiguas de esos museos

en una isla de Estocolmo,

las cuadrículas sin esquinas

en ángulo recto de Ildefonso Cerdà

-esos nombres propios y tópicos

que se pueden citar, polizones convencionales.

 

Pero no menos que con esos colores parduscos

amarilleando hayas y castaños, degradando

los inmensos verdes y vertiendo sus hojas muertas

en las sendas. O con esos mástiles recios

y envejecidos aguardando el doloroso frío polar

en estos canales tan terapéuticos

para la imaginación y los horizontes poblados.

 

Me abstraigo entre las penumbras de un libro

sobre teorías de la racionalidad –y a quién le importan

las teorías, el ser, el discernir los haces de luz-

mientras recién nacidos y niños risueños

y madres devotas por doquier deambulan

con todo tipo de facilidades a su alcance

para mayor gozo de sus pechos universales.

 

Toda esa belleza –relámpago- me arranca de cuajo

esas pústulas irracionales que azoraban

mi respiración. Supongo que es el ciclo natural:

anhelar, preferir, la inmersión, luego todas esas

inevitables desafecciones, la vida cruda y cruel,

la asfixia, hasta que asciende ufana la lujuria,

de nuevo, la aspiración hasta el último alvéolo,

compartir aun sólo sea una pizca del alma

o de la dicha esquiva a pesar de esa rocosa y severa

intimidad -pero eso es lo de menos: sólo intentamos

sustraernos a ese ritmo de la producción general,

a ese dilapidar el tiempo de la nada.

 

Quién nos puede conocer: hasta la médula,

hasta la materia última y ese cuerpo

que nos empeñamos en obliterar. Nuestro

extraño acompañante. No perderlo. Acariciarlo

como el acto más hermoso. Nunca desgajar

de la memoria estos otoños arrebatadores

de violentos resuellos y gloria impasible.

 

 

 

Argumento

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El hombre huye de la asfixia.

El hombre, cuyo apetito, que desborda la imaginación, se calafatea sin terminar de aprovisionarse, se liberará por las manos, ríos en súbita crecida.

El hombre que se despunta en la premonición, que tala su silencio interior y lo reparte en teatros, este segundo es el hacedor de pan.

Para unos, la prisión y la muerte. Para los otros, la trashumancia del Verbo.

Desbordar la economía de la creación, acrecentar la sangre de los gestos, deber de toda luz.

Asimos la argolla a que están encadenados, uno al lado del otro, el ruiseñor diabólico, por una parte, y la llave angélica, por otra.

Sobre las crestas de nuestra amargura se adelanta la aurora de la conciencia y deposita su limo.

Sazón. Una dimensión atraviesa el fruto de la otra. Dimensiones adversarias. Desterrado de la yunta y de las bodas, bato el hierro de los cierres invisibles.

 

René Char, Furor y misterio

 

 

 

30/10/2008 10:36. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

La desconocida

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Giuseppe Tornatore nos vuelve a encoger el corazón con “La desconocida” (2006). Las desgracias sufridas no justifican que se le inflijan desgracias a terceros. Las cadenas de explotación se reiteran a todas las escalas y van dejando un rosario de cómplices y de corrupción social generalizada. ¿Cómo sobrevivir dignamente? ¿Es el amor tan sólo un espejismo fugaz, irreversible e irrepetible? ¿Por qué necesitamos obsesiones y objetos de ternura para darle un sentido a vidas tan magulladas? Tornatore exprime soberbiamente la magia de las sombras morales tras ese telón de luces y tiempo comprimido (y expandido) que llena la pantalla. Lo que otros obvian o apostillan demagógicamente, aquí es infiltrado e incorporado en cada grano de oro que preside la mirada. Todo esto por debajo de su argumento trágico y ambivalente: una mujer que escapó de las redes de la prostitución ucranianas intentará reconstruir su ser a través de su misteriosa incursión en la vida de unos joyeros de Trieste. La música de Ennio Morricone, por fin, envuelve, con todo lujo de evocaciones,  este conmovedor relato.

 

 

 

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