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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2009.

Huellas sonoras

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El verano pasa rápido o lánguido, según los momentos. Y no quisiera arrumbar en el trastero de la memoria aquellas músicas que me han conmovido (especialmente las degustadas en vivo). Como siempre, con la intención de que os surtan de pistas y tentaciones por si también os apetece acercaros a su vera. Por una parte, el prolífico Santiago Auserón, bajo su heterónimo de Juan Perro, sigue repartiendo sus zumos mestizos por los escenarios peninsulares. Se hace acompañar de tres músicos cubanos, pero no sólo de son e historias de desamor nos alimenta, sino que flirtea con el blues y el jazz y, por supuesto, sigue fiel al rock and roll y a las letras brillantes, incluso cuando traduce (véanse las magníficas versiones de Las Malas Lenguas, junto a su hermano Luis Auserón). Aunque le sobra la fama, bien merecida, no está de más recordar sus espacios virtuales: www.juanperro.net y www.lahuellasonora.com. Por otras latitudes, este año surgió una buena oportunidad para conocer el festival de Paredes de Coura, en Portugal, muy cerca de la frontera gallega. Aunque temo siempre atragantarme con tantos grupos seguidos en este tipo de eventos, la curiosidad por escuchar a Franz Ferdinand (www.franzferdinand.co.uk) y por hacerlo en medio de un frondoso valle –fluvial, fresco y verde a rabiar-, disipó toda duda. El ambiente era muy “popero” y post-adolescente, pero agradable y distendido, como suele ser habitual. El grupo estelar nos entregó abundantes raciones de temas épicos para bailar sin concesiones, con esa fuerte impronta electrónica que tienen ahora sus temas más pop-rock. Y entre los restantes grupos del día y de la noche, destacaría solamente a The Temper Trap (www.thetempertrap.net), unos australianos con melodías contundentes y un excelente vocalista que nos dieron la bienvenida por la tarde, a pesar de que merecían un lugar más elevado en el cartel del festival. En todo caso, quedan ahí los rastros para las mentes inquietas y nómadas que pobláis estos parajes.

 

 

 

14/08/2009 16:25. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

Sermón de la montaña

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Un curtido y joven escalador está a punto de morir

en una montaña de Pakistán a más de 6.000 metros de altitud.

 

Con los huesos quebrados tras precipitarse al vacío,

ahora suspendido sobre el vacío gracias a los arneses resistentes y encallados

en alguna muesca de las rocas justo en el momento de la caída,

enfrentado al vacío final de su vida desde esa cornisa inmanente y esa pared

invencible a las hazañas, divisando los fondos inmensos y diminutos

de la cordillera cuando la ventisca gélida y célere aplaca

sus mordidas batientes.

 

            Las hemorragias y el dolor le golpean por dentro.

Es una tortura implacable que sólo amaina por momentos, como la ventisca,

al perder toda noción de consciencia, quién sabe si atisbando ese nirvana

ideado por lo monjes de aquellos santuarios no muy lejos de allí,

en las cimas del mundo.

 

            Sabe que ya no tiene sentido preguntarse: ¿por qué estoy aquí?

¿ha merecido la pena vivir de esta manera, llegar hasta aquí?

¿a quién le podré transmitir ahora mis conocimientos de las cumbres,

del método de ascender, de la voluntad de resistir a las inclemencias?

¿a quién la humanidad vislumbrada, la humanidad mínima, el eslabón

perdido que sólo emerge con la ayuda mutua de quienes suman

sus fuerzas a los mismos desafíos?

 

Tal vez otros lo harán, tendrán tiempo para preguntarse, dudar

y meditar sus respuestas. Allí, inmóvil sobre una cornisa de la cara virgen

del Latok II, ya no es posible crear más tiempo, seguir siendo dueño

y señor de la propia vida, construir su esencia y su espíritu, comoquiera

que eso sea. Allí ya no hay tiempo, el tiempo se agota objetivamente,

fluye indiferente a ese dolor, a cualquier esperanza como en las clepsidras

y los relojes de arena que aún se ven en los museos, sin ninguna

consideración afectiva, sin teleología, firme y concluyente

como una ley natural.

 

            La expedición de rescate que envió el gobierno ha claudicado

en sus intentos y nadie sabe si se recuperarán los restos físicos

del escalador en caso de mejorar las circunstancias ambientales

por lo que se honrarán las exequias sin su presencia.

 

Me encuentro a más de 6.000 kilómetros de distancia de aquel lugar,

contemplando el amanecer al oriente desde el pico del Teide, a más de

3.700 metros sobre el nivel del océano Atlántico, en una de las llamadas

Islas Afortunadas o Elíseas o Paradisíacas. Se ubican al noroeste rico del hambriento

continente africano, rodeados por un mar de cámaras de vigilancia

y guardacostas que impiden las migraciones de aquellos cuyo pasaporte

no va acompañado de una tarjeta de crédito o débito con fondos abundantes.

 

            Hemos ascendido de madrugada con una temperatura fría pero suave,

no más de hora y media de pendiente desde el refugio veinte euros la noche,

sin apenas material de montaña especializado, siguiendo a los franceses, rusos,

vascos y catalanes más adelantados, perdiendo las huellas de sus linternas,

alumbrados sólo por la luna escueta en cuarto creciente. Leves dolores

en los cuádriceps, abductores y gemelos, pero soportables y pasajeros.

La respiración y los pálpitos cardiacos más acelerados de lo habitual, pero

sólo es un día más de turismo antes de volver a tomar el sol y las olas

en las playas de arena negra y salpicadas de rocas volcánicas.

 

            Sobre las nubes que rodean la isla de La Gomera se proyecta

la sombra piramidal del Teide instantes después del alba y de que todos

se tomen las fotografías de rigor y de sonrisas por un día más de vida y ocio.

Me pregunto por qué hemos subido hasta allí. Es más: ¿qué motivaría

al primer ser humano a subir hasta allí, a dejarse quemar su piel y sus ojos

(el cristalino, los nervios ópticos, la retina), a invertir su tiempo de vida

escasa en una proeza incierta y gratuita o incluso ingrata? ¿qué calzado

y qué abrigo, por necesidad austeros, usarían? ¿cómo superarían

las amenazas de sus dioses trascendentes, del mundo animista

que tendría en el propio volcán a una de sus expresiones más magníficas

y fantásticas de omnipotencia? ¿y qué buscamos los observadores

actuales de estos desiertos mostaza y piedras porosas dentro de

nuestras propias cavidades, latencias y erupciones posibles?

 

            Tendremos mucho tiempo más para seguir preguntando

y para meditar y para aplazar sine die las respuestas. Podremos, incluso,

elevar nuestras aspiraciones e invertir en equipos técnicos más

profesionales e intentar alcanzar los techos del mundo más nobles

para regresar a los mismos interrogantes y sentir dolores más intensos

y angustias más verdaderas. Con nuestros pasaportes y tarjetas de débito

y crédito podremos llegar a los paisajes donde habitan aquellos que carecen

de esa misma documentación para hacer el viaje a la inversa y para poder

aspirar a subir sus cumbres sagradas y preguntarle a sus dioses

las mismas cuestiones que atenazan a cualquier creador de tiempo.

 

            Al descender hasta la Montaña Blanca, donde quedó aparcado

el coche alquilado al borde de la pista forestal, se avistan innúmeros lagartos

y lagartijas al paso -esta es su verdadera patria- inmunes a las colinas

áridas, a los valles silenciosos y a las lenguas de lava que callan las heridas

que infligieron sin premeditación en cualquiera de las convulsiones

del pasado. Pasamos por la base del teleférico y allí se arremolinan

cientos de turistas esperando su turno para ascender por veinticinco euros

sin el menor esfuerzo físico, pero con sus particulares vacíos

metafísicos, a los miradores desde los que se otean los confines de la isla,

los mares de nubes y el sol abrasador del mediodía (sólo en horario de nueve

de la mañana a cuatro de la tarde).

 

            Algunos han leído o escuchado las noticias del escalador fallecido

en las alturas del continente asiático, mas el rayo gélido atravesando

la espalda es olvidado rápidamente en pos de la única y auténtica vida

cotidiana. Es agosto y estamos de vacaciones.

 

Umbrales

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La última película de Cesc Gay lleva el irónico título de V.O.S (o sea, Versión Original Subtitulada, supuestamente) y, en consecuencia, desarrolla con mucho humor el rodaje de la misma película que estamos viendo. El bucle que genera es deconcertante por momentos, pero pronto se aprecia que hay dos historias entrelazadas como en una banda de Möebius. El director ha desdibujado a propósito el umbral entre ambas historias, pero esa edulcoración le añade una pizca de buen humor y sorpresa que mantiene activo y crítico al espectador. En el fondo del relato, pues, aparece la historia de un “making off” en el cual un director de cine está rodando una película y podemos distinguir ahí al tropel del equipo técnico de operarios trabajando en esa película, las entretelas de los escenarios y los ensayos de los actores. En ese plano se nos muestran las condiciones de trabajo de todo ese colectivo de jóvenes a la moda alternativa iniciándose en el mundo del cine, sometidos a las órdenes del director y de los productores, casi sin hablar, pero con gestos y guiños sutiles que son todo un poema. En el otro plano de la narración se nos ofrece un drama salpicado de escenas que parecen una parodia de las comedias románticas norteamericanas o de Bollywood, sin dejar de ser verosímiles. Menos mal que cada diez o quince minutos se vuelve al otro lado del telón para darnos el toque de humor y credibilidad que nos incita a relativizar muchos de los problemas que representan los personajes. Éstos son dos hombres y dos mujeres de mediana edad (jóvenes maduritos viviendo en Barcelona) cuyo drama no deja de ser singular, aunque ya manido con frecuencia en las pantallas. Por una parte, una pareja (él, profesor de cine y guionista; ella, promotora de una escuela infantil alternativa) que busca piso, se van a vivir juntos y, al poco tiempo, rompen su relación. Por otra parte, un chico (diseñador de páginas web) y una chica (de familia acomodada, con piso en propiedad o cedido por su familia) que han decidido tener un hijo “en común” pero sin tener una relación amorosa por medio ni vivir juntos, por lo menos hasta el momento en que lo intentan. De nuevo Cesc Gay se ha vuelto a lucir con sus tretas para hacernos comprender el cine y los típicos problemas sentimentales de profesionales acomodados de clase media desde la paradójica mirada de un profesional del cine de la misma condición social, al que no vemos pero que intuimos constantemente. Cine inteligente y sugerente aunque es una pena que no haya tiempo para conocer más detalles de los dramas de las dos parejas retratadas. Una excelente crítica que he leído sobre la película ahonda más en las mismas cuestiones y no escatima halagos para esta amena y recomendable cinta: http://babel36.wordpress.com/2009/07/12/v-o-s-cesc-gay-2009/

 

 

21/08/2009 14:46. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

Pandoras

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Ahora esconde las manos.

 

Esas manos buenas de mi abuela

con las que me acariciaba el pelo

y me llamaba rosa

vida, ángel rubio y guapo.

Esas manos.

 

Esas manos sabias de mi abuela

que hicieron cálido el invierno tejiendo

mantas mejores que las de cualquier

Penélope, que convertían la tristeza en risa

sólo con dejarme la caja de botones

para jugar.

Esas manos.

 

Hoy se apuntó a un curso de internet

y no quiere

que nadie vea esas manos,

dice que están viejas, feas, oscuras

de tanto trabajar en el campo.

 

Ahora, mi abuela, esconde las manos

y no se atreve a tocar el teclado del ordenador.

Y yo, tan lejos como sigo estando de mí misma,

no le digo que esa manos

me hicieron creer en la vida tantas veces,

no le digo que son las manos

más hermosas que jamás tocaron

la tierra.

 

Sofía Castañón, 23 Pandoras

 

 

 

Abandona el cuarto y se abandona a la ducha,

prendiendo a conciencia su olor en las baldosas.

Se asoma silenciosa antes de marcharse del todo.

Él duerme.

Ya descubrirá de día que las princesas madrugan.

 

Carmen Ruiz Fleta, 23 Pandoras

 

 

...Todo lo demás está comprobado.

Todo menos los pequeños trozos de papel

Rasgado en el cenicero.

Cosa tuya, supongo. Tenemos suerte

esa suerte del principiante,

todavía

hay abundancia de alimentos en el frigorífico

Como si conmemorásemos el nacimiento del placer

abrimos y cerramos las puertas blancas, la piel en la nuca

de pronto tensa, nos miramos riendo

y no habitamos en el horror ni en el adversario,

 

Tenemos el resuello de los héroes,

no nos molesta ya

la flaca verbigracia de las niñas y sus paréntesis

ni ese aire tremendo de agotamiento en las cortinas

Autoritarias y voraces, levantando en sus lenguas

Solicitando

Por defecto.

 

También los libros educados por colores

El ritmo de los lo en la cocina por la tarde

Y la lógica dialéctica de un enfermo

Muy

Enfermo.

Y la porción de un abismo apagado en la bola

Del mundo.

 

La contienda del azar, las puertas con sus candados

Los pasatiempos del periódico el orgullo de un pájaro

El ojo como un hueso clavado en la garganta.

 

Este vínculo de articulaciones por la noche y en la

Cama.

Los mensajes morse de unos párpados que tiemblan.

 

Safrika, 23 Pandoras

 

 

Me sorprende que todos os empeñéis

en ser mis madrastras,

mis enanitos,

mis espejitos mágicos,

mis manzanas venenosas.

 

Soy la Blancanieves negra

inmune a vuestro cianuro,

que escupe

a esos príncipes perfectos

plastificados y púberes.

 

Soy la Blancanieves

menstruante,

la princesita preñada,

la impúdica y casquivana

Blancanieves de taberna.

 

La niña despierta,

mientras se hace la dormida.

La Blancanieves

de látigo húngaro,

de katana japonesa

y de puño americano.

La Blancanieves con metralleta.

 

La princesa de la voz agria,

la de los gritos duros,

la de la cerveza amarga.

 

Blancanieves sin madrastra,

sin príncipe,

sin enanos.

 

Sonia San Román, 23 Pandoras

 

 

No soy dueña de nada

mucho menos podría serlo de alguien.

No deberías temer

cuando estrangulo tu sexo,

no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

 

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.

Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,

no necesito más paredes y adentro tengo

mucho espacio:

ese desierto negro que tanto te asusta.

 

Miriam Reyes, 23 Pandoras

 

 

LA REPONEDORA MURIEL

 

sólo tú haces de un día vacío todo el día

eres el demiurgo sencillo de un universo diminuto

arrastrando en el círculo sexto sección láctea

todo el palé de la tristeza

repones el ansia con el ansia

y el tiempo con el tiempo

sólo tú tienes la contradicción misma

de los dioses

te vanaglorias de un orden

que será siempre destrozado

y al levantarte con el cuerpo tan antiguo

miras los pasillos inexactos

sección deseo llena de realidad

sección verdad llena de historia

a una simple voz tuya todas la bandejas dicen carne

los mostradores revelan la verdad subconsciente de sus 10 grados

se alinean las hileras

surgen anaqueles rebosantes de todo lo que pueda desearse

sólo tú tienes como todas las mañanas

tres horas justas para crear un día

 

María Eloy García, 23 Pandoras

 

 

VIVIENDAS FUNDACIÓN BENÉFICO-SOCIAL

(Sector Sur, Córdoba, 1961-1965). Arquitecto: Rafael de la Hoz

 

Teníamos un tiesto con claveles,

las coplas dedicadas por la radio

y un corazón de periferia

con vistas a la diáspora y al tizne.

 

Yo contaba dos años, tan blanca la memoria

que no recuerdo nada, pero he visto mi barrio

en una exposición de arquitectura

que muestra las vanguardias y el enjambre moderno.

 

La vivienda social era una huida

de los asentamientos marginales.

Así, pensando en los más pobres

y en nuestra natural inclinación

al revoltijo y a la bronca,

nos construyó el franquismo un polígono

de casas protegidas, de refugios al margen,

como nidos aislados de hipoteca.

 

En medio de un solar sin jardineras,

ni césped verde ni inglés ni toboganes,

se edificó una urdimbre de bloques tan idénticos,

con sus cubiertas de teja a dos aguas,

como idénticas jaulas de tristeza

para pájaros torpes o vidas que no logran

alzarse, y a ras de asfalto se mueven

con sus muros de carga paralelos.

 

Viviendas solidarias, dijeron los ministros.

No dijeron más dignas que nosotros,

criaturas sin modales ni costumbre,

casi bestias del campo a la intemperie.

Porque un techo no basta. Porque no hay dignidad

ni en la pobreza ni en el hambre.

 

Teníamos un cielo lapislázuli,

igual que en las películas.

Y un corazón a dos aguas de cauce turbulento,

y un corazón a dos lavas de volcán siciliano,

y un corazón a dos sangres fluyendo por los días.

Teníamos un arte de realismo puro:

fachadas de ladrillo visto,

polvaredas del natural,

secuencias al estilo de Vitorio de Sica.

Y un corazón al revés, a dos aguas.

Pero con una sola muerte.

 

Isabel Pérez Montalbán, 23 Pandoras

 

 

 

23/08/2009 22:28. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

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