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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2010.

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¿Cómo puede volverse sólido lo que fluye,

ondula y se disipa?

 

¿Nos sacia su constancia, empero oscilante,

o instaura el mito y el enigma?

 

 

 

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Propugnamos la bonanza simpatética

y pluscuamperfecta para salvar los escollos.

 

 

 

03/02/2010 15:00. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Un plano de realidad estriado:

 

exhausto, el recorrerlo punto a punto;

a vista de pájaro, la sospecha, el desasosiego.

 

 

 

08/02/2010 23:24. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

ejercicios de estilo

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Y tu vida, tú, ¿qué conoces de tu vida?

Y él, allí, ¿qué conoce él de su vida?

Allí, todos los que se la imaginan

Todos los que en este vasto combinado

 

Actúan como quisieran

Como si supieran lo que quisieran

Como si quisieran lo que quisieran

Como si quisieran lo que saben

Como si supieran lo que saben

 

Raymond Queneau, Chêne et chien, II, 45

 

 

 

Es verdad que hay que decir que nieva cuando nieva

es así como nos hacemos comprender

es diciendo que nieva cuando nieva que se

vuelve agradable conversar con personas

que dicen que

el tiempo lo quiso así que nieve cuando nieva

y es así que vivimos en sociedad sin dificultad

alguna y

es así como nos hacemos amigos y

es tan fácil decir que nieva cuando nieva

mucho más que decir que llueve

en efecto

es pretencioso decir que llueve cuando nieva

pero ¿dónde puede anidar la poesía en todo esto?

 

Raymond Queneau, La chien à la mandoline, 108

 

 

 

mi cerebro es una rosa

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“Todo hombre es en sí un continente, no una isla. El deseo del hombre es deseo del otro. Por ello, cuando alguien cae, caemos todos con él. Por ello ninguna tragedia es concebible en solitario, llovida del cielo. Es más, la soledad es imposible: está poblada de fantasmas. Y viceversa, de mi tragedia tu oscuridad emana. No eres un hombre, estás marcado por la oscuridad. Por no haberte arriesgado a perder el sentido, he aquí que careces de él. Lo dijo Derrida: “Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo.”

 

(…)

 

El cuerpo es un hacerse, un cuerpo subjetivo o fenomenológico, y tras de la gestualidad amanerada del sujeto está la payasada del loco, inventora de la única posible identidad. Ésta es aquella en la que el hombre ríe de sí mismo, y baila fuera de lugar y de espacio, en ese terreno de la locura que fuera hasta hoy terreno de nadie.

 

(…)

 

El hombre se crea (…) por la apropiación de nuestro cuerpo por un ’intercambio de miradas’, la soledad es siempre mítica y anterior al hombre. Que la incomunicación vuelve loco, lo sabe cualquier carcelero. Sin embargo, hasta en la celda más sola no dejo de pensar en ti. Y al decir en ti me refiero a un otro que no es el prójimo cristiano, más parecido éste a lo Lacan llamara l’autre imaginaire que a una auténtica proximidad. Sólo si me suicido pierdo de vista al otro, y ni aun así, por cuanto el suicida, que no quiere morir, piensa siempre en lo que se dirá de él después de muerto. Sólo si me emborracho pierdo de vista al otro, y ni aun así, por cuanto sólo el borracho piensa en términos de amistad. Por el contrario, el que se casa, buscando al otro, celebra sus bodas consigo mismo, con su película particular. No hay que olvidar que el odio es una manera particular de no estar solo.

 

(…)

 

Lo que nos pierde no son las drogas, sino la soledad.”

 

Leopoldo María Panero, Mi cerebro es una rosa

 

 

Hay hombres como Panero que refulgen y destellan, pero también deprimen. Sus creaciones nos muestran una dialéctica primordial entre el deseo y el sufrimiento. Sus reflexiones abstractas nos devuelven constantemente a las miserias del hombre que huye de sí mismo para no dejar de encontrarse, una y otra vez, siempre distinto. Exprime lucidez extasiante, desvela gránulos de belleza, pero todo lo envuelve en un abismo de cábalas narcisistas, generalizaciones como meteoritos sin escrúpulos. Lo que nos fascina y embelesa nos hace dudar de nuestro vacío, de nuestra banalidad. No cejamos de hacernos, de rehacernos, de intentar ser hasta que dejamos de existir. De lo contrario, ya estamos muertos en vida, enterrados en nuestra soledad autista, encerrados en la ilusión de la compañía, de la amistad, del amor. Panero es valiente y voraz, un diseccionador misterioso de nuestras circunvoluciones neuronales, pero sospecho que también es desdichado y consciente de las fuentes de su vagar. Por eso es loable su lucha, y un viaje incierto, preñado de esclarecimientos, aunque a veces extenuante, el internarse en su literatura.

 

 

 

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