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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2010.

cabalgan a sus anchas

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Lucho contra esas huestes de ruido y

oropeles en su resecar y olvido. Lucho sin

luchar como se respira y se embalsa el vacío,

esperando paciente su acoso en consigna, alerta

a su rúbrica de seducción inane. Se agazapan y se

disfrazan, se embridan a la jalea de la soledad

con su doble rostro al azar. Cuando llega el recaudador

huyo campo a través y oficio mi lavativa ante la

claridad de la luna y el aullido del miedo. Febril

y taciturno sé que demora su triunfo el corcel dorado

con el que me incitas a residir en el delirio,

ausente del rocío rapaz. Te reivindico, sólo eso.

No cejaré en el empeño de encontrar la voz aunque

haya que perderse en un lánguido horizonte azul

turquesa. Esperaré atento a que me inunde el instinto.

No hay animal más audaz que el que simula

seguir la corriente. De presa en presa bebe y se

dulcifica. Desconfía de quirománticos y mendigos.

Como un impulso a sortear las hierbas venenosas,

también las que medran en mis sienes. ¿Podremos

conferirnos el júbilo de desgranar, capítulo a capítulo,

las premisas de la buenaventura? ¿Nos daremos el

banquete de los montaraces cuando contemplemos

el refulgir de nuestro sosiego victorioso? Hebras de

armonía como la resurrección de la primavera, socorro

mutuo ante el enigma de la desbordante belleza por

doquier. Sólo hay que dejarse tallar por su diligencia,

volverse memorable, punto cardinal, espacialidad en

ascenso, trabajar menos, hincarse en la tierra.

Sólo lucho, primero, contra mis propios ciclones.

 

Amanecida

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Dentro de poco saldrá el sol. El viento,

aún con su fresca suavidad nocturna,

lava y aclara el sueño y da viveza,

incertidumbre a los sentidos. Nubes

de pardo ceniciento, azul turquesa,

por un momento traen quietud, levantan

la vida y engrandecen su pequeña

luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero

venturosa, porque ama. Casi a medio

camino entre la noche y la mañana,

cuando todo me acoge, cuando hasta

mi corazón me es muy amigo, ¿cómo

puedo dudar, no bendecir el alba

si aún en mi cuerpo hay juventud y hay

en mis labios amor?

 

Claudio Rodríguez, Alianza y condena

13/07/2010 14:35. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

llueve sobre mojado

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Prefiero los veranos templados, verdosos y

húmedos como el inquietante deseo que

traslucen tus iris. El paso de ciclistas con

sus axiomas metódicos y antiguos tranvías azules

a una velocidad media, sin mayores estridencias.

Prefiero el coro de todas las brisas que mecen

a los solos y a los soleados. Desde cualquier punto

de vista, inclusive el del tiránico corazón. Demasiada

calma contradice la clarividencia del espíritu,

la floración de sus invenciones, de sus humores

y finos desacuerdos. Prefiero a los cánidos que pasean a

sus omnívoros dueños, pero eso ocurre en todas

las estaciones y el principito no tiene quien le escriba.

Prefiero un poco de lluvia que alegre lo seco y

dar un poco sin pedir a cambio porque también

se llega peleando a la plata o al bronce. Soy

caprichoso, tengo apetitos, puedo, incluso, amarte

a lo lejos sin un plan preconcebido para resistir

al invierno. Pero también soy proclive al ascetismo,

a veces torpe, y a la incrédula contemplación. Por eso

me confieso: ¡vivan las aves migratorias y las bayas

silvestres! ¡calcúlense las áureas proporciones de las

onomatopeyas! ¡cuelguen sus hábitos los carceleros

del desierto! ¡que nos reciban abundantes las fuentes

de nuestros destinos!

 

14/07/2010 12:44. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

De amor ha sido la falta

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Aquí ya está el milagro,

aquí, a medio camino

entre la bendición, entre el silencio,

y la fecundación y la lujuria

y la luz sin fatiga.

¿Y la semilla de la profecía,

la levadura del placer que amasa

sexo y canto?

Esta noche de julio, en quietud y en piedad,

sereno el viento del oeste y muy

querido me alza

hasta tu cuerpo claro,

hasta el cielo maldito que está entrando

junto a tu amor y el mío.

 

Claudio Rodríguez, Casi una leyenda

 

15/07/2010 10:09. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

Atributos del sueño encarnado

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Sólo llueve livianamente. Apenas perturba

la luz oblicua, el aire es cálido,

no tirito.

Entre los puentes de humedad, al resguardo

del ramaje, siguen las aves de pluma oscura

su picotear rústico, escarbando en pos de

tesoros.

Por lo intempestivo de las descargas

se diría que es un monzón tropical,

dádiva del cielo.

Enseguida escampa, empero, porque

en los fiordos hay nostalgia de nieve.

Si no, rayos salvíficos e impasibles

nenúfares ante los ojos amantes.

Lo sabías, lo leíste en mis dedos

inquietos en ti, cuando

añoraban y oraban el despertar.

Y al beber en tu cántaro, al

honrar la sed y empedrar el

manantial, sucede todo.

Se resuelve la costumbre, el cristal

transparenta lo único que merece

alegría.

Bebo ese recuerdo grácil, el anhelo

también. Sólo me alimento de esa

contemplación verde, a través de la

lluvia tenue y tibia.

Me empapo sin una sola arruga de

violencia. Ando vivo

a guarecerme como a tu

crisálida.

Este brillo del agua es el mismo de los

ojos para dentro, rumiantes,

con su firme piano en tono.

Firmes en su diminuto oasis que

marca la frontera de lo

concebido, y de los pasos sin pisar

el suelo.

De las guerras del frío, de los

sentimientos como icebergs, van

quedando menos restos.

Se deshielan o dan a luz grama,

dulces pétalos claros.

Piden más riego templado.

A la temperatura del alma,

con un siseo vivaz.

Es un ardua tarea.

16/07/2010 01:05. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

aproximaciones al vacío

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Palabras que visten grande, varias tallas

de más, grandilocuentes.

¿Quién las inventaría, en qué hora

se durmió el orfebre mañoso?

¿O fue la luna la que enloqueció

al insomne?

Diseccionar esas palabras, hurgar

en su savia lechosa, ver cómo corre,

si es que se inflama.

Si no, arrojarlas a las escombreras

de la historia junto al hollín y a los

discursos vanagloriosos.

¿Por qué siguen levantando polvareda?

¿Por qué esa hipnosis a la vuelta

de un chasquido? Como si quien las

pronuncia sedujese con lo que

oculta.

Y con lo que vuelve a ocultar tras lo que

desvela.

Así, la noria boba.

Nunca reptar, ni la cabeza gacha,

por respeto a las gardenias, a los tilos,

¡a la zarzamora, sí, alerta!

No te preguntaré por palabras de hierro;

mejor que musite el sueño, que mane

su enramada briosa.

¡Que se tiña de complementos e interjecciones!

Esa fonética propia y colorida

tan necesaria para alcanzar el hálito:

¿sólo entonces, después, vislumbraremos

lo inefable?

¿Vivimos de hablar y hablar sólo para

reconocer esa fuerza, raíz tozuda,

palpitar?

Noche esmeralda y fragante, contención

del caudal que ama y habla.

Habla mientras ama en ese lento

acordeón, letra tras letra,

cómplice de esa maravilla engendrándose.

¿Te acuerdas de aquel mar al sur

sin rastro de nieve?

17/07/2010 01:38. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

Aerodinámica

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Saliendo de la ausencia,

a la escucha del silbo y de la flauta

que timbran en tu noche, desbrozando

los segundos restantes de tantas sombras

peregrinas.

Desayuné semillas de amapola y cielos

boreales y azulados

en noches que huían de las noches,

meciendo, agridulces.

El jardín botánico se abría en canal

al paso y a la danza de elefantes mansos,

de la mansedumbre

desempleada. Acristalados

invernaderos albergando los fundamentos

ontológicos de la gracia y

de una lágrima jubilosa, consternada.

El silencio del ser guarecido

al aire libre,

diletante, reverencial hacia el amor

que desvela tu plenitud.

¿Cómo no absorber todo lo que me venía

de ti, el jugo de tus besos, el relieve

de tus deseos volátiles,

el almizcle y el limón arrogándose tus cabellos?

Oliendo tus cabellos como ido.

Como deteniendo la inercia loba

de lo demorado, de invocarte.

No célere.

Con el propósito de divisar

rutas y rutinas entre la emboscadura

y los grillos de la deriva.

Descubrir mi corazón.

Mostrar su posibilidad de sangre y de

melodía, de don, de esencia. Darte

los labios de luz, supremos,

pan de sésamo, alboradas en las que

creer.

Con buena letra y la justa exposición

a las máquinas predecibles,

meditar. Luego beber

el crepúsculo tinto del verano:

tu lascivia, tu liturgia.

Toda festiva nuestra carne y sus

lunares.

Porque sin tu relieve, sin tu océano, no oigo.

Tiritaría en la intemperie. Pero no,

me bañas y me siembras.

Hace cabriolas la vida y renacemos

cada vez.

Sólo las huellas en la nieve pura, ya lo

adivinaste, me indican el camino de vuelta

a tu vuelo y a tu sal, al idioma al que

me adhiero.

 

Desplazamientos

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Minucioso andar, orientarse en la mirada,

replegar las alas. La ciudad densa

y granizada que hemos preferido por mor

de una inercia común.

Nos da un tiempo húmedo y pájaros rojos

como incendiados.

Incendiados conductos subterráneos donde

exhalan nuestros pulmones,

donde la ternura está en suspenso

o las almas vuelven de su tierra prometida,

nunca encontrada.

Me das una ruta

cataclísmica, me recompones

a continuación.

Necesitaba desgranar este augurio

de vivir en círculos, contigo, en el

consenso de las cataratas mejores.

Puentes, túneles, diagonales, pasos de

cebra, senderos arbóreos y

el pulso rítmico de la urbanidad.

A tus brazos me remito. Vigor que

desflorará en la búsqueda,

en la puntuación y las señales.

Salid, dioses sin cabeza,

del verdín viscoso que os apresa.

Dejad huellas, ralentizad

los humores enfebrecidos.

Nuestra rala sabiduría

proseguirá los nudos, nos amarrará.

Ten por cierto

el proseguir.

 

31/07/2010 18:40. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

¿De dónde brotaba la tristeza de García Lorca en Nueva York?

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El último puertorriqueño que nos sonrió, con sus más

de doscientas libras morenas, vendía bicicletas y sólo

cuando nacieron sus cuatro hijos morenos y joviales

se salió del gang del barrio.

Eran otros tiempos. Ahora, dice, hay blancos y bares,

bares y blancos que compran bicicletas y habrán subido

doscientas o más veces a uno de esos rascacielos

que perfilan el horizonte brumoso.

Los niños morenos y joviales, y los negros y joviales niños

chapotean

chapotean

chapotean

entre las cortinas de agua tibia de los parques de juegos

enjaulados.

Algunas de esas mañanas con el calor húmedo y pegajoso,

con las bombas de calor a presión que los escupe de las bocas

del metro, y al redil de jóvenes voluntariosos

blancos y morenos, morenos y negros jóvenes, con sus camisetas

azules y verdes y amarillas que los hacen a todos iguales

por un instante,

por un breve y cósmico instante,

algunas de esas mañanas también jugarán entre

las ardillas y los lagos verdes caimán.

Enseguida medrarán y se plancharán el pelo crespo y rebelde

y se irán con la música a todas partes,

por todos los pasillos, por todos los laberintos,

subiendo y bajando todos los peldaños posibles

que permitan las fuerzas del orden.

Los miro al volver de la playa, de la playa donde

se reúnen casi todas las clases sociales.

Y miro a una mujer alta y castaña que solloza

en la fila de enfrente, que no puede evitar

sollozar a pesar del ruido tormentoso de las estaciones,

a pesar de los vagones metálicos y plateados como espejos,

a pesar de las miradas esquivas de todos.

¿Por qué?

¿Por qué ahora?

¿Por qué nos interroga ahora a los demás viajeros?

Con lo largas e inescrutables que son estas líneas

del metro. Con tanto tiempo para no mirar,

no pensar, no preguntar

adónde, cómo, si en un mar de reliquias,

si en descripciones atómicas, con qué hálito

radiante cada despertar.

Vuelvo, necesito volver, a ese denso hormigueo

de rostros inescrutables, rostros asiáticos, rostros latinos,

árticos y polares

quemados por ese sol de justicia, vago y ciego.

A pocas millas de aquí, tan sólo, residen

quienes prefieren las sombras del desierto.

Siempre estos desniveles,

siempre estas desembocaduras.

 

31/07/2010 18:48. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

En los oasis de la inmanencia

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Vivir ahora, contigo, como en lo absoluto,

en la costumbre del beso y de la caricia dulcísima

despejando los claroscuros.

Imprimiendo una inercia mentolada,

en el pasar de orquídeas y brisas

templadas, al escalofrío de

tu sonrisa a tiempo, en hora cierta.

Ni la languidez del abrazo carnal, ni la

promiscuidad de mariposas enlazando

nuestra voz, pueden mitigar o desvanecer

estas huellas. Hondas huellas, nativas

y cristalinas. Vida arracimada al vino

de tus ojos, vida vernácula y

lúcida, retorno del despertar.

Nada distinto

podría añorar.

 

 

 

31/07/2010 19:05. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

Zahoríes

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Con los tributos de tantas manos y vidas anheladas

se construyeron estos paisajes donde nos inspiramos,

a bocanadas.

Arbóreas estancias donde bullen mensajes, aves

y almas en incienso para dejar constancia del

tesoro de nuestros pechos:

radiantes, bruñidos, sudorosos.

Arena de las reglamentaciones

que se deshacen entre la simbiosis y

el aire propicio que me regalas. Albaceas,

simiente, útero del sentido.

¿Vinimos a este archipiélago de pináculos

para comprender la belleza

contra el tiempo?

La belleza que se enajena del curso del tiempo:

vacío, transparencia,

premonición.

Dicha u orgasmo, tantas veces. Evasión del

trabajo y del tiempo muerto,

sólo, tantas otras.

Lento aprendizaje de los átomos de luz

que traban el amor,

los vínculos elegidos, las premisas.

Voy a ti por la ciudad de la infancia.

En el humus remanente, fértil,

afloran y se solean nuestros equilibrios,

una línea de horizonte pleno,

madera a flote de la racionalidad.

¡Bogar, bogar!

¡Cuán obvio es este deseo!

 

 

 

31/07/2010 19:08. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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