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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2010.

Huelga general

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Deconstruir los relatos de quienes nos mutilan.

 

Con argamasa y poesía, hilanderas y materias primas,

parques fluviales y atletismo, la conciencia de nosotros

y los laberintos como pasatiempos:

 

no cejar, argüir la ciudad emergente, mostrar los frutos

ya maduros,

                     que no falten cantos ni proclamas,

que abunden los legados y los sanos juicios.

 

                     ¡A la levadura del deseo, hacer venir!

Con el trance y con la mano, o por la luz radiante

de la serenidad.

 


01/10/2010 11:39. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

La comedia de la inocencia

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Esta película francesa, La comedia de la inocencia (2000, Raoul Ruiz), la descubrí este pasado verano y me dejó con el sabor fresco e inquietante del buen cine. Misteriosa y llena de omisiones y silencios bien ponderados, con un ademán casi psicoanalítico llena de ecos de Buñuel. Los actores juegan magistralmente sus simulacros dentro de varios reflejos especulares, como personajes que simulan ser otros personajes. Y de fondo numerosas preguntas acerca de los deseos y astucias de la infancia, de cuánto queremos y cómo, de verdad, a esos seres en constante desafío a sus potencialidades.

 

06/10/2010 15:53. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

Rumba

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Otra película que me hizo reír y llorar en los estertores del verano fue esta casi teatral y casi muda Rumba (2008, Dominique Abel), que proyectaron en el ciclo de cine belga de la Filmoteca. Es una tragicomedia romántica algo lenta y exagerada por momentos, pero que está cargada de color, humor negro, coreografías y un amor frágil y robusto a la vez, por más que distintas desgracias lo acosen por el camino.

 

Mimbres

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Ni convencional ni tópico. Lo ostensible,

al unísono, es fruto de un lento hervor.

 

 

08/10/2010 13:45. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

no tengo

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II

 

tengo

precisamente sólo esa quinta

esa sexta dimensión

y también las ansío

pero no el sol ni el grito

 

tengo

justo el deseo que enfoca

hacia el origen de lo que ya se tiene

 

y se retorcerán sobre lo áspero

distintos tonos travesuras óseas

levantando parece un monumento

a quienes muerden hasta la cordura

 

tengo

exactamente más pero está lejos

 

 

III

 

cero por aquí no limpies lo que amas

quiero todo mañana entre

los dientes y el luto ajeno

por lo que no seré ni el gong

ni la montaña

 

quién viene al frío al estanque

con ellas la boca bien cerrada que

no entren las palabras inmundas

germen de la fosa común

 

dónde están o estáis

 

ni el tinte ni la tela

adherente pero de todas

las palabras del día

sólo una es voz

 

 

VI

 

la definición baile alrededor de la

belleza cercándola cosechando baile

dentro de la belleza

baile hasta delimitar el nódulo

el discretamente punto de fuga

 

desde esta posición baile es un

documento de identidad trampa

como toda estrategia

espacio de descanso

 

por ejemplo soy el árbol

y trepo

hasta romper la rama

 

el río pasa por la boca

alza la sed

 

 

Mariano Peyrou, No tengo

 

 



11/10/2010 12:54. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

Fragmentos del regreso al pasado

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La segunda obra que leo de Raúl Guerra Garrido se titula El otoño siempre hiere (2000). Se trata de una reflexión sobre la vejez y la vecindad de la muerte, pero también nos interroga sobre la necesidad de la memoria y de las raíces de pertenencia a un lugar y a un clan familiar. El personaje principal, un escritor en torno a la edad oficial de jubilación, emprende un “último” viaje a la región del Bierzo en donde pasó gran parte de su infancia. El motivo de ese viaje es asistir al entierro de un tío que simboliza al último pariente que restaba vivo de la generación anterior por lo que la recua de primos supervivientes se perciben a sí mismos como si pasaran a la “primera línea de fuego”. En los dos días de velatorio y de entierro el protagonista tiene tiempo de sobra para rememorar múltiples fragmentos de su infancia añorada, de la amistad perdida, de las huellas que han dejado sus novelas, de las rencillas y alianzas familiares, de lo que aprendió de su abuelo (el aclamado patriarca del linaje), de las migraciones voluntarias y necesarias... Todo ello sazonado con abundante vino autóctono y con el tono provocador y nada pusilánime del narrador, aunque un tanto decadente y melancólico por momentos. El cuerpo ya no perdona y los achaques están para recordarle el inexorable final que, supone, no tardará en llegar. Algunos personajes que van abriendo conjeturas e intrigas, sin embargo, se pierden sin remisión entre esa jungla de introspecciones, también a veces algo reiterativas, y no se vuelve a saber de ellos. Demasiadas páginas, quizás, para una historia que va zozobrando hacia su final. No obstante, la chispa narrativa del escritor y las cavilaciones filosóficas de su avezado narrador, si es que no son el mismo, junto a su afán por diversas anécdotas a modo de pequeños cuentos intercalados, dejan un regusto agradable y sugerente. La elegante prosa, además, hace que la lectura sea fluida y nos transporte fácilmente a un paisaje leonés que, para mí, también constituye reminiscencias de una corta etapa de mi infancia. Pero no creo que ni los cerezos ni la libertad ni la inconsciencia del tiempo de aquellos días puedan mejorar la dulce madurez del presente. Sólo la declinación del futuro es lo que no queremos ver y aquí nuestros novelistas más veteranos no pueden evitar cierto tono oracular. El otoño, en fin, me regala siempre lluvias suaves, árboles luminosos y hongos comestibles que me resultan una delicia, aunque entiendo la metáfora socorrida y bien merece como refugio literario.

 

“Ningún cadáver nos informa de si hay vida más allá de la muerte, un conocimiento que como el de si hay vida en Marte sólo interesa a los especialistas en cuanto a lo de modificar sus cálculos. Los demás, la haya o no, en nada modificaremos nuestra conducta. Lo importante es conseguir que exista vida después del nacimiento, algo que sólo se consigue a fuerza de voluntad (y suerte). La vida es la trayectoria de esa voluntad (y suerte) entre dos hechos radicalmente involuntarios y aquello que más me aqueja es qué hacer en la jodida última etapa. La que sinuosa se desliza desde cuando, entre encerrarte a escribir un nuevo capítulo o salir a echar una partida de mus con los amigos, decides quedarte viendo la tele. Desde ahí a cuando descubres que no son tus manos las que manejan el papel higiénico, crueldad extrema. Físicamente quizá pueda soportar el dolor, pero la conciencia de tan inútil sufrimiento será insoportable. (…) Si naces en Madrid y vives en Bilbao, cuando toda tu familia es del Bierzo está claro que no eres de ningún sitio. Quizá sea hacer literatura, pero creo que la secuencia suprema de los westerns, el duelo a quién desenfunda antes, decidió mi identidad. Decidí ser el forastero, entre otras cosas porque del forastero es de quien siempre se enamora la chica. La felicidad siempre viene del otro lado de la frontera. Desde muy joven hice mía, sin conocerla hasta muchos años después, la cita de Hugo de San Victor, facedor de puentes o pontífice del siglo XII: ’El que encuentra que su patria es dulce no es más que un tierno principiante; aquel para el que cada suelo es como el suyo propio ya es fuerte, pero sólo es perfecto aquel para quien todo el ancho mundo es como un país extranjero.’ Así viví parte del ancho mundo, asumiendo y disfrutando, incluso enorgulleciéndome, de mi extranjería. Siempre, hasta hace poco, me fue cómoda tal condición. Hasta que empezaron a sonarme los huesos. Ahora, cuando el derrumbe de mi fortaleza física es ostensible, comienza a crecer el embrión de otra debilidad más peligrosa, empieza el gusanillo del conformismo a tantear con sus antenas en mis convicciones; creo, y cómo me cuesta el asumirlo, que me encantaría ser de mi pueblo.”

 

Raúl Guerra Garrido, El otoño siempre hiere

13/10/2010 00:16. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

Resuello

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No abusar del silencio.

Pausa,

serenidad.

La antinomia de lo compulsivo. Lo más salvaje

y cósmico, más

que el gruñido.

Te amenaza de muerte, te carcome como la

muerte misma.

Escúchalo, escucha su aliento.

Hasta pronunciarlo desasosiega

como cuando la galaxia, de nuevo, explota,

finge, y renace el sentido.

Silencio ufano.

Pausa,

serenidad íntima.

Aprender del albor.

Artes culinarias

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Técnica literaria:

1 podar, en invierno, las palabras superfluas,

2 fotosíntesis y alimentar el humus de la vida.

 

 

15/10/2010 09:44. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

Didácticas apócrifas

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Sería por el 79, cuando aún no había cumplido los 9 añitos de edad. Me lo ha recordado la canción de Violeta Parra. El profesor de religión nos propuso escribir un poema-canción con la misma estructura de estrofas, comenzando siempre con un “gracias a la vida”. Quizás fue mi primera escritura en verso, quién sabe. Aquel profesor todo bondad y con una piel ora pálida, ora sonrosada, que no parecía ni tres cuartos el revolucionario que llevaba dentro. Recuerdo otra de sus clases sobre sexualidad cuando una niña le preguntó con voz alta y clara “¿qué significa masturbarse?” y él respondió con una prestancia y nitidez no menos llana, sin un atisbo de oscurantismo. Y las pocas notas que sé extraer de una armónica se deben a los recreos en los que nos instruía o jugaba al ajedrez con nuestros ávidos instintos mientras a mí me empezaba a preocupar seriamente la amenaza de guerra nuclear que leía a todo color en la revista “Muy interesante”. Supongo que aquella mezcla fue agitando los constantes diálogos interiores con el Dios que me había inventado o que, simplemente, había adoptado de aquel mundo de creyentes con sus distintas veleidades. Enseguida lo fui arrojando a la cuneta quedándome sólo con la metafísica literaria o con la de las noticias de actualidad. Más que un lirismo abrumador, a mi alrededor, según mi memoria de aquella época, campaban a sus anchas los conflictos familiares y las mudanzas imprevistas. Pero los ojos de un niño no dejan de deslumbrarse por los destellos de la primavera y las cerezas, por el fulgor silencioso de la nieve y, sobre todo, por el viento de libertad que obligaba a entornar los ojos cuando descendías en bicicleta, a toda velocidad, junto a aquellas imponentes montañas de carbón. Y en verano los campos de espigas y los trillos, los cangrejos americanos asados a la orilla del mismo río donde los capturábamos. Dios, desde luego, no estaba presente en ninguna de esas sensaciones sublimes y sencillas. Más bien me parece ahora el ornamento con el que mucha gente se vestía para cubrir sus angustias, para no ver ni sentir la plenitud de la vida. Espero que pronto desaparezcan definitivamente las clases de religión de todas las escuelas, pero ojalá que sigan existiendo maestros de la vida y de la poesía como aquel hombre que nos abrió tantas vetas de conocimiento.

18/10/2010 09:52. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

Itinerante

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Nunca la infancia fue ni patria ni matria.

Ni refugio mejor.

 

Si acaso, afluente hondo, reguero

que nutre el deseo insatisfecho.

 

O sedimento apenas.

 

19/10/2010 16:21. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

Peripecias

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Asido a esos racimos de memoria que fructifican

según la ley de las probabilidades y el voto de mi paladar,

paciente, empero, al socaire de tanta provisión incierta

y artificial.

 

Por eso interrogabas a mi antiguo yo, otro enigma.

Cuál sea el espacio del genio, el territorio que guarece,

atañe a reglas manchadas de sangre.

Por eso me abstraía: ¿qué armas para el pueblo? O peor aún:

¿qué pueblo?

La piel se me tizna y arruga, como por arena de desierto, mientras

los estratos geológicos se estremecen y los cultos, quienes oran

o recolectan, hacen industria.

 

Un cúmulo de albedríos, de errantes venales.

Una cornucopia de ojos asombrados por la aurora y por

el declinar, en su dulzura no empalagosa.

Arqueólogos de alabastros y palimpsestos. Hebras de

azafrán, aromas escanciando tu apetito.

Sabes que puedes, que esa armonía indeleble, aunque espejismo,

mueve montañas.

 

Abastecido

con la casuística gemela de un sol nutritivo, con los méritos

de la simiente de probada fecundidad, me otorgo

derechos de tránsito.

 

 

26/10/2010 16:48. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

Presupuestos generales

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Pero no de alambicados teoremas.

 

Pero no de la escarcha nativa,

ni de los axiomas sin luz propia.

 

 

27/10/2010 12:42. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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