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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2011.

Viena

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¿Qué mora en el subsuelo de las ciudades?

Por debajo de los vulnerables rostros ajenos:

¿Qué persigues? ¿Qué especie de

metafísico animal se perfila en

tu espeso deambular?

 

Ni Sigmund Freud ni Kurt Gödel nos

libraron del límite innombrable:

el que siempre niega

un corpúsculo heroico.

 

Aquellos sabios provectos apenas divisaron

ni las plagas exterminadoras por venir

ni el euforizante brebaje

que inflamaba los delirios

de una civilización humeante.

 

Paseaban insomnes por los brazos suaves

del Danubio cuando

las amantes eran frutas rojas y

salvajes que nunca más serían

edulcoradas al gusto de las gélidas costumbres

imperiales.

 

Y cuando las fronteras erguidas y

solemnes de nuevo: ¿Quién mojará sus labios

aguas abajo? ¿Encontrará

su rumbo Ludwig Wittgenstein, al fin,

entre la ruda y ordenada

maraña administrativa que se edifica a ras de tierra?

 

¿En qué trincheras septentrionales perdería

su postrera esperanza en la áurea objetividad

del ser?

 

La habitación 17 de un hotel es una trinchera.

Enfrente de ti una mujer

de cabellos cobrizos y sinuosos abismos.

La pintó el erotómano Egon Schiele en

1917 poco antes de fallecer

prematuramente.

 

Su mentor, Gustav Klimt, tuvo mejor suerte

o, al menos, más años

para recrearse en la geometría

deseante de aquellas feminidades

de lechosa tez.

 

¿Acudirían los escrutadores

de axiomas a sublimar su sed en el marmóreo

Sezession? ¿A qué pliegues del pensamiento

les conduciría hoy el único museo del mundo

sobre la anticoncepción y

el aborto que se ubica

-casi clandestino- en un piso de

Mariahilfer Gürtel 37?

 

En lugar de esas vitrinas y artilugios

los pasajeros nihilistas

se conforman mudos ante lo imposible:

las travesuras hilemórficas de Friedensreich

Hundertwasser, quien también firmaba, según

su antojo, con precisos ideogramas japoneses.

 

¿Acaso no supura tristeza la

torpe y lujuriosa floración que intuimos?

 

Es necesario fracturarse el tobillo

para que el eco evanescente percuta

fuerte en la inmóvil probabilidad

del mundo.

 

 

12/04/2011 17:44. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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