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ateo poeta

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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2011.

Tabla de aire

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Consideremos que la imaginación fuera una invención

como lo es, que esta gran casa de aire

llamada Tierra fuera una invención, que este espejo quebradizo

y salobre ideado a nuestra imagen y semejanza llegara

más lejos y fuera la

invención de la invención, que mi madre

muerta y sagrada fuera una invención rodeada de lirios,

que cuanta agua

anda en los océanos y discurre

secreta desde la honda

y bellísima materia vertiente fuera una invención,

que la respiración más que soga y asfixia fuera

una invención, que el cine y todas las estrellas, que la música,

que el coraje y el martirio, que la Revolución

fuera una invención, que esta misma

tabla de aire en la que escribo no fuera sino invención

y escribiera sola estas palabras.

 

 

Gonzalo Rojas, Inconcluso

 

 

01/03/2011 10:57. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

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Invernando los escaramujos a nuestro

paso, por dorados caminos de légamo

y horizontes de púrpura meditación.

 

Venían las cigüeñas coronando las

aspiraciones a planear ligeros de lastres,

a seguir los cursos desbordados del

agua.

 

Al ágata profunda de todo ese verdor

reflejado le musité como un niño libre:

fíjate qué estrellado silencio, cuán lejos

se proyecta esta armonía de ahora.

 

Nací para que perduraran las ascuas.

 

 

01/03/2011 10:59. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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¿Cuántas horas y cuántos años, siglos

milenios, qué universo

y qué mundo o galaxia,

cuántas lluvias, sequías, sol o cierzo,

cuántas bonanzas, temporales, noches,

qué ríos, qué desiertos,

cuántas luces y días

han hecho falta para traer tu gesto?

 

 

José Ángel Cilleruelo, Salobre

 

 

01/03/2011 11:01. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

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Qué manzanas prometían las ramas desnudas

y resistentes al hielo, al mutismo.

Las veíamos ahí bruñidas y jugosas igual

que cuando probamos nuestra saliva y los rescoldos

de los cuerpos insulares, a resguardo de

los ladridos. Destilaban su sidra imaginaria

sobre nuestro vértigo acuciante de cielo.

 

Armados contra la nada pisábamos un suelo

mullido, un mar ancestral de lajas, cada huella

desdibujada. La tarde, en la pulpa del regazo,

crepitaba en la hoguera esparciendo el aroma

duradero de las encinas. Nos entreteníamos

retirando la cáscara de los nombres y te agarré

la cintura leñosa. Eras siempre tú, germinal hueso

del olivo, quien me dabas a beber.

 

 

02/03/2011 10:49. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Reducir el trabajo aplicado

a que comparezca un lugar en germen

donde la herrumbre invite a la memoria,

donde no palidezca el espíritu

volador y cicatricen aireados los golpes.

 

Empero el mar nutriente -ancestro sacro

y de salobre lengua-, permanece

la experiencia de la finitud.

 

 

09/03/2011 18:25. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Recuerdo los toros de lidia y las vacas

sagradas nunca indiferentes a nuestra

inspección. Mamíferos con grandes ubres,

rumiando incansables una vida sin enigmas

ni laberintos. En sus dominios llueven

arroyos de leche aún candente para que las

crías resistan al viento y emigren y sigan

pastando. ¡Para qué declarar la guerra una vez

que los depredadores están a buen recaudo!

¡Para qué amarse con mugidos graves y

soportar las inclemencias sobre un cuerpo

grande de madre herbívora! Indolentes

y hieráticos, ungulados. Ignorantes de su

destino de matadero, de las cercas coloniales

y los valladares con sus alambradas hirientes.

Frutos lanosos de la quebrada tierra. Cuero contra

la intemperie al que agradecer.

 

                                                     Me pediste que

continuásemos, que estaba absorto y como cavilando

en una sima de carbón, frente a frente. Dónde

estaría la metáfora, el bien jurídico, la forma de

la ciudad en la que estas almas gravitan. Mejor

lobos o jabalíes o aviadores majestuosos. Esa mirada

triste e inmensamente oscura también acude

al lugar vacío entre las flores acuáticas.

 

10/03/2011 05:35. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Primeros brotes de flores albas antes

de las fechas decretadas. Regueros de notas

afinadas que no persigo con mi quietud

pues los acepto. A los destellos cobrizos

sobre el lacio pelo no hay cortejo de ave

que le haga sombra. ¿Hasta qué encrucijadas

nos llevará el cordel? ¿Por qué desniveles y

rasantes de otra flora? La carne vigente no

se desgasta, resucita entre las urces y espinos

si se alegra por la brisa y la elevación del

astro rey, oráculo de luz, medicina suficiente

contra la agonía. ¡Albricias! Sí, ya se esponjó

toda la savia granada, enrojecieron nuestros

pómulos ufanos, cárdenos. Desde entonces

miramos sin rencor ni ira a los ojos salvajes

de todos los animales que circundan.

 

 

10/03/2011 05:46. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Vienen resonando en lo onírico. Carecen

de forma y de sistema, pero quieren

alcanzar la denominación de arte. Lejos,

en la emboscadura, la inminencia de

la maduración, las sendas, suscitan otros

desvelos. De los matojos al arbolado

lúcido cultivo minúsculas gotas de resina

y olvido cómo se escribía con el tizón.

Teatrales las cuitas de quien no se

descalza. Sólo la plata de las lágrimas,

el discurrir de lágrimas de nubes, para

quien se descalza sobre el humus frío.

 

Y canta: yo no soy idéntico a mis

penumbras, yo balizo el escarpado

ascenso. Dejad esa vibración genética,

atemporal, que siembre y esparza la

sencilla luz.

 

 

10/03/2011 05:51. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Y digo (proclamo)

que los viajes son largos silencios

expropiados a la crueldad de los niños

y al tesón amurallado de las frentes;

someros paisajes de llanuras concéntricas,

gloriosos otoños en cristal tallado.

 

Tú, cuerpo casual, pierna contra mi pierna,

retén en la memoria aquella exacta piedra

que el justo azar ha elegido para no ser nada.

 

Agarra mi mano

(la misma que ayer no logró salvarte)

ella será la señal de que el tiempo corre

y tú serás siempre el preso de los astros.

 

Agarra mi mano

y multiplícala hasta hacerla todos los caminos.

Estas vías son mis brazos sacrificados

en honor a tu huida inútil,

a mi inútil fe sin paracaídas.

 

Ana Pérez Cañamares, Poemas que escribí con 20 años

 

 

10/03/2011 06:42. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

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Lengua de fuego y mar

bravío,

labios que encandilan lo oculto,

venid a mi desnuda

forma.

Al beso cauto arrasad

con vuestro aliento

etílico

y la resaca de la navegación.

No pienso más que en

algas esmeralda,

en tu cintura húmeda como

la sonrisa de los delfines,

en la luz perpetua

y tu interior

fosforescente.

Me hago el muerto

a merced de tus vaivenes

para olvidar la única

muerte.

 

En la brevísima conciencia

del límite

se despeja el día y

me llenas de absoluto azul.

Lengua afrutada, labios

prometidos,

deleitaos con lo insaciable

aquí.

 

 

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Voluntad de coherencia

(a pesar de la maleza y de

los callejones sin salida).

 

De marginalidad, no era.

(Ni el precio, mi competencia,

por más que rasgue

mi piel aterida.)

 

 

16/03/2011 09:57. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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Estalla una central nuclear.

 

Y necesito un verso en blanco

entre líneas. O dos.

 

Porque ya ha sucedido más veces.

Tiñéndolo todo de vacío

hasta que las vetas de la memoria

piden un riego

menos doloroso.

Nadie quiere recordar

las certezas de los ingenieros,

la seguridad del hormigón,

la firmeza de los dirigentes.

Nuestra blanca, vacía y silenciosa

resignación. O muy pocos,

con sus humildes banderas y lúcidas

clemencias

frente a la intemperie astral.

 

Estamos tan anegados por la

hora punta,

por el desierto que avanza imparable

hasta nuestras orillas,

por el hielo

indiferente de la retórica,

que se propagan ásperas las ruinas

y tiemblan los territorios

de las almas cándidas.

 

Cristalizará nuestro polvo cósmico cual

intocables diamantes

y se disiparán como incienso

las filosóficas vanidades

de quienes no servimos más -vencidos al fin,

acordes pasajeros de la atmósfera-

que para sustento

de las bacterias soberanas.

 

Irreversibles hoy.

El tiempo nos huye.

Nos huye

la belleza esquiva como las notas

de azahar que emana

el sexo de los naranjos. Quién puede

certificar ese resto,

la eternidad de ese obsequio.

 

Allí, en aquel desgastado lugar donde

se erigía el mórbido monumento,

nadie pronunciará nunca más

la palabra lugar,

el concepto lugar:

sólo habrá historia (infausta, ni épica

siquiera) y quién arrojará las flores luctuosas.

 

Aquí, arropado por el velo

de la mujer que amo cada alborada,

hermético,

incólume,

recorriendo en mi piragua los remansos

y rápidos en los que

pescará plácido mi amigo,

anhelando el aire íntegro y dulce

de abril,

comprendo todo con

meridiana claridad.

Comprendo y lamento

 

esa épica vana, el lodo de nuestros

pies, el repelente humo imperial,

la invisible agonía de quienes

perecerán como

versos sueltos,

a pecho descubierto,

fugaces como el simple cálculo

de remotas

urgencias.

16/03/2011 16:13. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

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182 euros en concepto de grúa y depósito

municipal de vehículos. Tenía que decirlo,

desahogarme. Esas palabras son vibrantes,

enigmáticas, descarnadas, por más que

me duelan en la cuenta corriente, siempre

mermando a causa de los más espurios

caprichos del azar. Y yo que pensaba tener

bajo control, al menos, mi fe en el papel

moneda que un ente meticuloso ingresa

cada mes a mi nombre en la cueva de los

ladrones. Pero un día no te fijas apenas en las

señales de estacionamiento y abonas 182

euros con ciega obediencia a las leyes de la

urbana movilidad. Y duelen, son injustos.

Porque poseo férreas eximentes: casi no uso

el coche, me desagradan los coches en la

ciudad, es más, suprimiría la circulación de

los coches por el centro de la ciudad. Aunque

me temo que este alegato le suene a expediente

de regulación de empleo al señor funcionario

que me cobra con tarjeta detrás de la ventanilla.

Lo sé, y me callo. Yo sólo querría indicarle que

ahí fuera brilla un sol radiante y los rostros

exhalan júbilo y una polinización primaveral.

Mas la suerte está echada a las 7 horas 45 minutos

de una mañana cualquiera en la que, seguro,

nos informarán de acontecimientos mucho más

trascendentes y dramáticos que los tristes

182 euros con los que se nutriría durante meses

cualquier cuerpo necesitado de cultivar

su alma en donde ni falta que hacen coches,

carreteras, ciudades o multas de tráfico.

La culpa es solo mía por andar absorto y

protestar siempre en el lado de los perdedores.

Este retórico y ocioso ejercicio es una prueba

irrefutable. Debería compensarle con una paga

extra de otros 182 euros al recaudador sabueso

harto de que le lleguen amargados como yo,

donar otros tantos a una organización humanitaria

y no menos a quien corresponda en compensación

de mi huella ecológica de dinosaurio. Ahora ya

me siento mejor. Puedo asegurar, a las 10 y 45,

incluso, que escribir estas peripecias tiene un

indudable poder terapéutico y que ya tengo unas

ganas enormes, muy grandes, de sonreír todo

el día, todo este santo y soleado día de marzo.

 

 

Varsovia

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Estoy tomando una cerveza
frente a lo que fue tu casa.
Ahora tu casa es un símbolo
y los símbolos no son habitables.
Para ti debió de ser
lo que nunca tendrían
que dejar de ser las casas:
entrechocar de platos
risas que estallan
sábanas estiradas para proyectar
la película velada del sol:
una película que habla de felicidad
o cuanto menos
de la seguridad de un refugio.
Refugio del trasiego y los ruidos de la calle
nunca del horror.
A través de los visillos
el horror no se presupone.

Me cuentan historias. Soldados
lanzando niños a través de las ventanas.
Soldados cortando barbas y patillas
a navaja, en la calle: carnavales de humillación.
Me cuentan historias, pero tu casa
no parece propiedad del infierno.
Está vieja, sí, y hay algún agujero de bala
bajo un alféizar, como marcas de los dedos de dios
al hundirse en barro sólido. Señalando
a los elegidos o a los condenados.
A pesar de todo, como todas las casas,
sigue teniendo algo
de tierno y de inexpugnable.

Estoy bebiendo una cerveza.
No a mi salud, ni a la tuya.
¿Qué podría decir de ti?
De ti no tengo recuerdos
y siento pudor de imaginarte.
Tengo memoria de la humanidad.
Aún la tengo. Y tengo también una casa.
La recuerdo ahora: los platos
las sábanas, las cortinas:

tesoros que me delatan como ilusa propietaria.

Una puerta blindada: el foso

que ningún ejército ha puesto a prueba.

Pero más allá o más acá de las casas
hay un lugar. Un lugar que
aunque queramos compartir
aunque quieran invadir
no es un territorio ni una ruina.
Es el lugar al que escapaste
un segundo antes de que la puerta
fuera derribada. O un segundo después.
Cuando comprendiste que las casas
pueden parecernos un universo
pero ni siquiera son un país.
Y un grito en otro idioma abre
de par en par las ventanas
que lo expulsan a la calle como un vómito.

Las casas digieren mal
la violencia de los extraños.

Tiene que haber un lugar.
El lugar que no me revela tu foto.
El lugar que otros no destruyen
con palabras o con bombas.
Rata allí no significa nada.
El dolor puede nublarlo
pero no lo tapia.
Es el gueto que levantamos
dentro de nosotros.
La tumba que elegimos ocupar.
No la que nos señalan.

El búnker dentro de ti.

 

Ana Pérez Cañamares

 

25/03/2011 22:20. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

despedida

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Una persona próxima, compañero al que he frecuentado menos de lo que quería y a quien admiro por su ingente esfuerzo intelectual y activista, se está muriendo. Ahora sí, de forma irrevocable porque ha decidido prescindir de los tratamientos agresivos contra el cáncer que soporta estoicamente desde hace siete años. De nuevo, su lucidez me ha hecho mella. Sus últimas palabras que he recibido comunicando su decisión de tener una muerte digna e, incluso, de hacer antes una "celebración de la vida digna" con las personas cercanas, me han conmocionado. No ha escatimado en detalles acerca del proceso que le ha llevado hasta ese punto triste y, a la vez, valiente. Hasta en los peores momentos de la vida es posible mirar cara a cara su finitud. Es un ejemplo más de alguien que ha luchado siempre por mostrarnos los caminos de una autonomía radical (no una simplificada, abstracta, voluntarista, individualista e hipócrita idea de libertad) tanto en el plano personal como en el social y político (el lema de lo “personal es político” -y a la inversa- tal vez constituya el fundamento más esclarecedor de una visión antipatriarcal y antiautoritaria del mundo). Una autonomía que sólo es posible con plena conciencia de los límites destructivos del sistema capitalista en el que busca desplegarse, y de las penosas contradicciones que arrastra en su seno. Por eso su escritura, sus textos y sus brillantes análisis nunca han cejado de destilar sinceridad, sensibilidad hacia sus semejantes, autocrítica, un afán constante por conocer todo de forma realista y dialéctica -interrogándose por las posibles evoluciones de nuestro devenir colectivo- y una denuncia sin ambigüedades de los mecanismos y clases sociales que reproducen nuestra dominación. Y casi todo ese trabajo ha sido accesible, reproducible y compartido sin ninguna ambición lucrativa por parte de su autor. No he tenido la oportunidad de conocer más en profundidad a Ramón Fernández Durán en su vida privada -como en su día me ocurrió con otro profesor que trazó muchos de mis actuales caminos, Jesús Ibáñez- pero cada vez que lo encontraba en una manifestación de protesta o en algún evento académico reconocía un gesto y una pasión que me reconciliaban con ese sentido de la vida del que, de alguna forma más o menos ilusoria, no podemos dejar de dotarnos. Coherencia, integridad moral, racionalidad, en aras de la emancipación de toda servidumbre y de toda depredación del orbe que nos nutre. No sé si Ramón, tan amigo de las ciencias como de las letras, encontraba en la poesía el resuello y la sublimación que me proporcionan a mí, pero le dejo aquí, en gratitud, algunos de los versos de René Char, aquel gran luchador místico (y ateo, no obstante):

 

“CALENDARIO. Ligué mis convicciones unas a otras y agrandé tu presencia. Otorgué un curso nuevo a mis días, adosándolos a esta fuerza espaciosa. Despedí la violencia que limitaba mi ascendiente. Tomé sin estruendo la muñeca del equinoccio. El oráculo ya no me avasalla. Entro: experimento la gracia o no la experimento.” (del libro Furor y Misterio)

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